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El devenir de la razón.

¿Quién hace que la mente vaya tan lejos? ¿Quién hace que la vida comience su viaje? ¿Quién nos impele a expresar estas palabras?
Aquello que no se puede decir con palabras, pero hace que las palabras se digan. Sabe que es Brahman, el Espíritu, y no lo que la gente adora aquí.
Aquello que no se puede pensar con la mente, pero hace que la mente pueda pensar. Sabe que es Brahman, el Espíritu, y no lo que la gente adora aquí.
(Upanishad Kena)

Brahman, el 'Espíritu', es el flujo de pensamiento, el logos, el devenir de la razón, es lo más elevado de las personas, el máximo bien que nos viene dado con la vida. Brahman es el Todo, o lo Uno, es todo lo que se puede conocer. Brahman, Dios y Razón son una misma y única cosa, la cual nos da la felicidad, pues a través de ella podemos entender y adecuarnos al mundo siempre cambiante, o nos hace desgraciados si la ignoramos o no logramos discernirla. Están en desgracia, forzosamente, los que no poseen el conocimiento ni tampoco lo buscan. Y las religiones, muchas de ellas, adoran otras cosas distintas de la razón, como recoge el Upanishad. Ensalzan la fe en lugar de hablar de conocimiento y sabiduría.
La razón 'ilumina', pero ella en sí es difícil de ver. Se proyecta en los fenómenos tangibles del mundo, pero ella no es tangible. La razón es el entendimiento y la inteligencia en sí mismos y es, en efecto, aquello etéreo que nos permite resolver las incertidumbres, aclarar la confusión e iluminar en la oscuridad, aquello que hace que entendamos el mundo. Es como la luz física que ilumina los objetos del mundo, pero que no se puede iluminar a sí misma: la razón es aquello que hace que la mente pueda pensar, pero que no se puede pensar a sí misma con la mente; es aquello que hace que las palabras se digan, pero que las palabras no recogen adecuadamente. Es el logos o espíritu del Upanishad Kena. Es Brahman. O Dios si se prefiere.
En el Bhagavad Gita se le dice explícitamente a Arjuna que debe buscar la salvación en la razón. La primera condición para que un hombre sea digno de Dios es que su razón sea pura. Sólo la razón pura, desvinculada de los objetos concretos, encuentra la verdad (Dios). Esto es así en el sentido que la luz no debe confundirse con los objetos que ilumina, porque son cosas diferentes por naturaleza. La luz no se consume en los objetos que ilumina, sino que sigue existiendo independientemente de ellos y mantiene siempre la capacidad de iluminar nuevos objetos. De modo análogo, la razón no se agota en los pensamientos concretos y no debemos confundirla con las 'razones' a las cuales nuestro ego se pueda aferrar, sino que debemos intentar mantenerla desapegada de lo concreto, para estar siempre en disposición de alumbrar nuevas verdades.
Decía Joan Mascaró que la razón es la facultad dada al hombre para distinguir la emoción auténtica del falso sentimentalismo, la fe del fanatismo, la imaginación de la fantasía, una visión verdadera de una ilusión visionaria. La razón es el camino que nos muestra cómo es auténticamente el mundo y que nos salva de estancarnos y perdernos en él; nos muestra la verdad. La razón debe ser el camino que se hace al caminar, que no acaba nunca, que nos lleva de una verdad a otra y que siempre se orienta a los contenidos cambiantes de la cambiante realidad.
La razón es el logos de la realidad, el devenir de las cosas al que se acopla el flujo de la mente. No hay logos sin tiempo, ni acción sin tiempo, ni mente sin tiempo. La razón es aquello natural que fluye y que arrastra el pensamiento, que lo impele y lo hace transitar de un momento al siguiente.
La razón no emerge del hombre. La razón está fuera, en el mundo. El hombre no la gobierna, sino que es ella la que le gobierna a él, cuando la distingue pero también cuando no la distingue. Sin embargo el hombre, incauto, cree a menudo que la razón es una posesión suya y se somete a ese sentimiento y a esa concepción de la realidad y de sí mismo. Es en ese momento que la razón muere con sus contenidos y el hombre extravía el camino, se hace dependiente del falso sentimentalismo, se deja dominar por la fantasía, se vuelve un fanático visionario... se puede decir usando las palabras de Mascaró. Son necesarios referentes empíricos renovados para que la razón no muera con sus contenidos y se mantenga pura como inteligencia. El hombre no debe atender tanto a razones fijas sino a su devenir.

Lo dice el Bhagavad Gita:

Todas las acciones se desarrollan en el tiempo con la intervención de las fuerzas de la Naturaleza, pero el hombre, engañado por una ilusión egoísta, piensa que él es el actor. (3.27)
El hombre que conoce la relación entre las fuerzas de la Naturaleza y las acciones, ve como unas fuerzas de la naturaleza actúan sobre otras fuerzas de la naturaleza y no se hace esclavo de ellas. (3.28)
Los que están bajo la ilusión de las fuerzas de la Naturaleza están ligados a la acción de estas fuerzas. Que el sabio que ve el Todo no confunda a los ignorantes que no ven el Todo. (3.29)
Incluso el sabio actúa bajo el impulso de su naturaleza: todos los seres siguen la naturaleza. (3.33)
El hombre sabio está contento con cualquier cosa que Dios le envíe y está por encima de los pares de contrarios de este mundo. No tiene celos y en el éxito o en el fracaso él es uno: sus acciones no lo atan. (4.22)
El hombre sabio ha logrado la liberación: es libre de toda atadura, su mente ha encontrado paz en la sabiduría... La acción de este hombre es pura. (4.23)

Como lo dice también el Dhammapada:

Si un hombre habla o actúa con una mente pura, la alegría le sigue como si fuera su propia sombra. (2)
Los que piensan que lo irreal es y piensan que lo real no es, nunca llegarán a la verdad, perdidos en el camino del pensamiento erróneo. (11)
Los hombres locos e ignorantes son descuidados y nunca observan, en cambio el hombre que vive siempre en vigilia considera que este es su mayor tesoro. (26)
La mente es indecisa e inquieta, difícil de guardar y contener: que el sabio dirija su mente así como el que hace flechas hace que las flechas sean rectas. (33)
La mente es voluble y huidiza; vuela tras las quimeras allá donde le place: en verdad es difícil de contener. Pero es un gran bien controlar la mente; una mente auto controlada es una fuente de gran alegría. (35)
Invisible y sutil es la mente, y vuela tras las quimeras allá donde le place, pero que el sabio guarde bien su mente, ya que una mente bien guardada es una fuente de gran alegría. (36)
Los que hacen canales para el agua controlan las aguas, los que hacen flechas hacen las flechas rectas, los carpinteros controlan sus maderas, los sabios controlan sus mentes. (80)
No vivas una vida baja; recuerda y no olvides, no sigas ideas equivocadas, no te hundas en el mundo. (167)

Comentarios

  1. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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    1. La mente está mas alla de la razón. Los padres del racionalismo, Newton y Descartes estarían muy de acuerdo. Lamentablemente, la razón, si bien es imprescindible, para bien o para mal, parece no ser suficiente. De hecho el paradigma racionalista llevado al extremo por el uso y abuso de la ciencia, tiene al planeta como lo tiene. Para cambiar verdaderamente el mundo y hacerlo a éste sostenible en el tiempo, habremos antes de cambiar por dentro; no precisamente con e luso de los instrumentos que nos da la razón, sino que de manera paradójica, sin su uso (suponer que Dios Brahma y la Razón son lo mismo es a mi humilde parecer hasta peligroso), es decir trabajando el silencio y la respiración, tratando justamente de hacer lo más dicífil, dejando de pensar para conocer otras posiblidades, aquellas propias de otros niveles de realidad, donde se halla nada mas y nada menos lo que nos une con el pleno cósmico. Sólo anotaría lo que el propio Newton tuvo como objeto cuando estudió la luz, me refiero a la luz que no podemos ver: el espectro que vemos es ínfimo, sin embargo contruimos nuestra realidad a partir de este espectro. Algo parecido es la razón respecto al espectro de otros niveles de realidad a los que la razón no puede acceder y que no por ello no nos impide saber que existen.

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