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Mostrando entradas de 2014

Ibn Arabi, el engarzador de sabidurías (I).

Ibn Arabi, al inicio de Los engarces de las sabidurías, explica que en un sueño que tuvo en la ciudad de Damasco se le apareció el enviado de Alá, quien le encargó que transmitiera a los hombres los contenidos que recoge este libro.
Así lo hizo, dice, “con un gran cuidado de no añadir ni quitar nada a las palabras del Altísimo, a quien le pidió la gracia de sacar una inspiración trascendente y un soplo espiritual del interior de su alma para preservar todo lo que escribieran sus dedos, lo que expresara su lengua y guardara su corazón”, de modo que él fuera, como buen sufí, verdaderamente “un simple intérprete, y no alguien que decide”.
La meta del libro es muy elevada; es nada menos que la de articular y engarzar los discursos de los grandes maestros, que tienen formas aparentemente diferentes pero que convergerían a unos mismos fundamentos, el encaje de los cuales le había sido revelado a él por la divinidad.

Alá es tan grande (explica en el primer capítulo, dedicado al verbo de Adán) q…

Realidad, pensamiento y tiempo.

Pensar es traer algo a la conciencia, hacerlo presente. 'Ahora' es el momento en que presenciamos o experimentamos algo. Siempre pensamos y existimos en el ahora. En todo momento pensamos, sentimos y estamos haciendo algo ahora. No podemos existir en otro momento que que no sea el ahora. El presente conjuga el pensar y el existir, como se dio cuenta Descartes.
   Pensar es hacer presente un contenido o una idea, pero también es crear el pasado y el futuro con esa idea. Siempre somos y siempre accedemos a las cosas en una acción mental del presente. El acto de la conciencia es instantáneo. Pensamos (y soñamos y sentimos y estamos) en el presente. Pero el contenido del pensamiento (o del sueño o del sentimiento) se refiere a actos posibles del pasado o del futuro, más inmediatos o menos, más probables o menos. Y son justo eso: contenidos, ideas, productos de nuestra mente. Pensamos posibilidades de actos pasados ​​o futuros, más sentidas o menos, más creídas o menos, inventa…

Mente, tiempo y repetición.

El tiempo subjetivo no es lineal, nos resulta imposible prever cuánto van a durar nuestros pensamientos y nuestros sentimientos. La causa de ello es que nuestros estados internos, que son lo que determina los momentos psicológicos, son inestables. No es sólo el mundo alrededor nuestro lo que cambia, sino que, incluso cuando el entorno permanece objetivamente estable, si nos dedicamos a observarlo, podremos ver que nuestra experiencia subjetiva sigue fluctuando, sin que exista un motivo 'externo' concreto. Y también podremos ver, si somos lo suficientemente perspicaces, que para afrontar esta paradoja lo que hacemos cada uno de nosotros es buscar (y encontrar) los motivos de nuestros cambios personales en unos contenidos mentales imaginados por nuestra psicología individual. Causas aparentes, que no reales, inventadas según la situación y condición de cada uno. Ilusiones personales cotidianas. En realidad, nuestra motivación, nuestras expectativas, nuestro esfuerzo, nuestro rendi…