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La máquina más sofisticada

Decía H. Bergson “el espíritu abarca el pasado, mientras que el cuerpo está confinado en un presente que incesantemente vuelve a comenzar". 
Nuestra mente maneja recuerdos del pasado aunque funciona, como todo, en el presente. Toda acción, del tipo que se trate, ocurre necesariamente en el presente. El presente es la realidad pura, es lo que sucede ahora mismo, pero, paradójicamente, a ese presente y a esa realidad no los podemos razonar con objetividad pues nuestro pensamiento está contaminado por los recuerdos y los conocimientos que hemos ido fijando en el pasado. 
La memoria condiciona nuestra percepción y nuestro juicio de los objetos y de los acontecimientos que suceden. Sin embargo todo lo real ocurre ahora mismo, en un presente que incesantemente se renueva y vuelve a comenzar. De modo que la realidad o actualidad siempre va por delante de nuestro pensamiento y siempre interpretamos lo nuevo a partir de lo viejo, con lo que estamos abocados al error sistemático y continuo. Vamos siempre a regazo del tiempo, desfasados con la realidad; la vida nos exige un esfuerzo continuo de adaptación a lo que ella y el mundo imponen, dentro y fuera de nuestro cuerpo: éste es el motor de nuestra conciencia. Nuestra biografía entera se desenvuelve en el intento perenne de ajuste a la realidad y de anticipación a lo que sucede o puede suceder.

El presente es la duración precisa de los fenómenos, la duración de los sucesos a nuestro alrededor y de nuestro propio cuerpo. El presente exacto es presentación, no representación: es pura actividad instantánea. El presente es sensibilidad y es biología; en ningún otro sitio que en el presente están las acciones y las sensaciones de nuestro variable organismo. 
La actividad de la mente, estrictamente, no es codificable a la propia mente, no es susceptible de ser retenida como recuerdo. Se trata de una realidad primaria, totalmente animal, una pura sucesión de sensibilidades que se escapa a nuestro entendimiento, pero que moldea nuestra conciencia, conforma los estados o momentos a partir de los que desplegamos nuestra percepción del mundo. Afecta nuestros pensamientos, los impulsa, los hace sucederse, pero no es uno de ellos. Estos variables estados internos afectan todo el funcionamiento psicológico: la memoria, el pensamiento, las emociones, pero difícilmente son representables (¿cómo puede representarse medianamente una sensación o un sentimiento?). Están al margen de la asociación de ideas y de la lógica de la mente, de la propia psicología. No son recuerdos ni ideas, no son información (¿cómo podemos pensar una sensación o un sentimiento si no está presente?). Simplemente los sentimos, y cambian toda nuestra percepción del mundo según la forma y el grado en que están presentes. Son algo muy primario. Son cómo nos sentimos a cada momento. Son el precio que pagamos por ser entes biológicos, por estar vivos. Son la especificidad de nuestro organismo a cada momento de nuestra existencia. Son lo que siempre nos diferenciará de la inteligencia artificial más sofisticada que pueda existir, de todo aquello que no disponga de sensibilidad.

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