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La raíz de la conciencia

El discurrir de aquello interno que sentimos de nuestro cuerpo, a diferencia de los acontecimientos del exterior, nos resulta prácticamente inenarrable, pues la actividad de nuestro organismo, aunque nos ofrece un flujo continuo de sensaciones, no es información procesable en su mayor parte, no es susceptible de ser tratada como una representación o un dato. Sucede que la fisiología de uno es inefable para uno mismo; aunque se la siente, no entra en los circuitos de memoria, es sensibilidad que simplemente va pasando, incapaz de reproducirse o representarse a sí misma. Lo que representa y lo representado son necesariamente cosas distintas; nada se representa a sí, solo se 'presenta' en sí. De modo que no es nuestra mente sino el mundo exterior quién aporta los objetos susceptibles de ser representados, conocidos, recordados; por esto pensamos y razonamos el mundo, no a nosotros mismos, a nosotros simplemente nos sentimos.

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