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Giordano Bruno. La magia.

Sostiene Giordano Bruno en el libro De la Magia que el vacío absoluto no existe, que no hay espacio que no esté ocupado por alguna forma de materia. En cualquier espacio, por vacío que pueda parecer, hay cuerpos minúsculos que se mueven y que se suceden en el tiempo, cuando no las invisibles partículas del aire, que también son materia.
Los objetos del mundo no están aislados unos de otros, entre ellos hay un continuo de materia, señala; el espacio imperceptible existente entre los cuerpos perceptibles es un continuo que, más que separarlos, media entre éstos, los comunica y los mantiene unidos. El aire (o 'el espíritu aéreo' como lo llama Bruno) es un cuerpo imperceptible, en principio, a nuestros sentidos pero que por sí mismo es un verdadero continuo físico intermediario entre todos los cuerpos que está dotado de una gran actividad y eficacia sobre el alma, a la que está estrechamente unido, afirma, pues tiene un gran parecido con ella, a la vez que es muy diferente de la sustancia sensible más gruesa y más tosca de los objetos perceptibles que une.

"El vacío, es decir un espacio sin cuerpo, no existe: un cuerpo no abandona un espacio sin ser reemplazado por otro. Ciertamente el alma abandona el cuerpo que ocupaba en vida, pero no puede abandonar el cuerpo universal -a menos que prefiramos decir que ella no puede ser abandonada por el cuerpo universal-. Está pues indisolublemente ligada a la materia universal; por eso, como su naturaleza particular es en todas partes entera y continua, reconoce en todas partes la materia corporal que coexiste con ella. Se sigue en conclusión que el vacío no es un espacio sin cuerpo, sino un espacio en el que varios cuerpos se suceden y se mueven; de ahí el continuo movimiento de las partes de un cuerpo hacia las partes de otro cuerpo, a través de un espacio continuo, no interrumpido, como si el vacío no fuera más que un mediador entre dos llenos -salvo querer llamar vacío al espacio en el que no se encuentra ningún cuerpo perceptible-.
Un cuerpo imperceptible es un cuerpo verdaderamente continuo -sin duda espíritu aéreo o etéreo-; está dotado de una actividad muy grande y de una eficacia muy grande, en tanto que es estrechamente conjunto al alma, a causa de su semejanza; por eso se distancia más de la grosería de la sustancia sensible más tosca de los compuestos. Que los cuerpos imperceptibles y espirituales -aquellos de los que procede toda virtud presente en los cuerpos sensibles- estén dotados de la susodicha eficacia, es lo que muestran el espíritu aéreo que hace afluir y refluir toda la mar, y el indomable empuje de los vientos que, aún con tiempo despejado y sereno, devastan la tierra, destrozan los árboles, abaten los navíos. Como lo apunta tan bien Lucrecio, ese cuerpo espiritual es quien realiza todas las operaciones en los cuerpos sensibles: a su vez la mayoría de los filósofos pensaban que él no difería del alma, de donde la fórmula del poeta para designar el aire, 'quantum ignes animaeque valent', 'todo lo que pueden los fuegos y los vientos' (Virgilio, Eneida, VIII, v 403). En cuanto al fuego, ajeno a la materia grosera de los carbones, que sólo son cuerpos en combustión, se comprende que él sólo difiere del aire por simple accidente. El fuego verdadero es un verdadero espíritu que, en el interior de un cuerpo en combustión, está como contenido, dormido; fuera de ese cuerpo, existe de pleno derecho, pleno de vivacidad; y él está en un estado intermediario en la llama, como puesto en movimiento."
(De la Magia, p. 29-30)

El aire es un cuerpo físico y espiritual a la vez: es el viento que empuja y mueve los líquidos y los sólidos, y que alimenta el fuego, y del cual la llama muestra su movimiento, y que actúa sobre los cuerpos sensibles y constituye así la materia (invisible) del alma.
Alma y espíritu, según una muy antigua tradición en filosofía que recoge Bruno, son aire, un aire muy fino y sutil.

"Del agua al vapor, del vapor al aire, del aire al cuerpo etéreo más fino y más penetrante, se produce la mutación de una misma sustancia y materia a la que los egipcios, Moisés y Diógenes de Apolonia llaman ‘espíritu’. Existe divergencia en el hecho de que Moisés no distingue el alma del espíritu (si uno se atiene a su letra, sin prejuzgar el sentido) mientras que los otros los han diferenciado." (p. 31)

Para Bruno el universo tiene alma. El aire es un 'espíritu' o materia etérea que todo toca y que todo une. Es una materia aparentemente inapreciable a los sentidos pero que en realidad actúa directamente sobre el alma de todos los seres vivos, y que es 'espíritu', por tanto, también en el sentido psíquico. Lo une y relaciona todo físicamente, a la vez que es 'el alma del universo' que actúa sobre nuestra alma personal, sobre el pensamiento y la inteligencia de cada uno de nosotros; es 'la inteligencia primera': Es Dios mismo, según Bruno.

"Algunos espíritus habitan cuerpos humanos, otros el cuerpo de otros seres vivientes, plantas, piedras, minerales; en definitiva no hay nada que esté privado de espíritu, de inteligencia; la materia flota de un espíritu a otro, de una naturaleza o composición a otra, y el espíritu flota de una materia a otra; hay alteración, mutación, pasión y en fin corrupción, es decir separación de ciertas partes y composición con otras. La muerte no es otra cosa que una disolución." (p. 42)

"Toda sustancia espiritual se reduce a una, toda sustancia espiritual se reduce a una triada: el alma, Dios y la inteligencia primera por encima de todas las cosas, el alma del universo." (p. 44)

Nuestra alma se 'alimenta' del alma del universo, en tanto que nuestro cuerpo se alimenta del aire; el aire nos da la vida (alma) a cada momento, a cada soplo de nuestra respiración. Y nuestra inteligencia, que es lo nos hace capaces de relacionar las cosas, a la vez es un reflejo de esta inteligencia universal que lo une todo. En el aire están la inteligencia, el pensamiento, las pasiones, los instintos... las manifestaciones de nuestro psiquismo. Es en este sentido que Bruno habla de Dios y de espíritus en general, y de 'demonios' en particular cuando los espíritus producen unas manifestaciones de carácter negativo en la psique de las personas.
Para Bruno los fenómenos del alma humana tienen una existencia física exterior al hombre; equipara los 'demonios' a las divinidades paterales o domésticas romanas. Otros espíritus tenían un nombre concreto y se les reconocía un determinado poder en ciertos lugares, y otros más nobles tenían una relación con la música, los himnos y los instrumentos musicales según las mitologías antiguas. Todas estas divinidades estaban por debajo de Dios y eran extrañas, en principio, al pensamiento de las religiones monoteístas. Sin embargo, aunque no tan concretos, las grandes religiones han mantenido siempre la existencia de espíritus inferiores, de ángeles y demonios. Eckhart mismo, en la tradición cristiana, da un tratamiento de estos ‘espíritus menores’ muy similar al de Bruno: hay físicamente espíritus en el aire (en este caso Eckhart habla de ángeles) organizados según los tipos de instintos, pasiones y pensamientos que suscitan en nosotros.

"La prueba de que los demonios son de naturaleza corpórea, tan diversos y variados como diversos y variados son todos los tipos de cuerpos, es que experimentan afectos, deseos, movimientos de ira, celos, idénticos a los que sienten los hombres y los seres compuestos de materia más espesa y sensible." (p. 45)

"Por encima de la condición de esos demonios se sitúa la de Dios que, por naturaleza, 'no tiene ninguna necesidad de nosotros, no es sensible a los favores ni es tocado por la ira'." Dice utilizando las palabras de Lucrecio (De Rerum Natura, II, V, 650 a 651). (p. 46)

"Es preciso afirmar con seguridad y conservar en el pensamiento que todas las cosas están llenas de espíritu, de alma, de potencia superior, de Dios o divinidad, y que el intelecto y el alma están en todas partes íntegras aunque no hagan todo en todo lugar. Es a lo que alude el poeta (se refiere a Virgilio) inspirándose para ello en la doctrina pitagórica.
Este también es el sentido que todo el mundo atribuye a los arcanos sagrados, como en el salmo y el Libro de la Sabiduría: 'El espíritu del Señor ha llenado el mundo, y lo que contienen todas las cosas', y por otra parte 'Yo lleno el cielo y la tierra'.
La sustancia corpórea se distingue de una tal sustancia de pensamiento, de alma, de espíritu sublime en esto: la totalidad corpórea está toda entera en el universo entero, mientras que la otra sustancia está toda entera en cualquier parte, constituyendo una especie de todo y restituyendo la imagen de todo, aquí más vivamente, allí más oscuramente, aquí sobre el modo singular, allí múltiple... Si todos los soplos ['spiritus'] y las partes del aire confluyeran de este modo en un único océano, formarían una única alma, por numerosos o innumerables que fueran. Los filósofos concluyen de esto que hay una única materia, un único espíritu, una única luz, una única alma, un único intelecto.”
(p. 46-47)


Bruno, Giordano. De la Magia. De los Vínculos en General. Cactus, Buenos Aires, 2007.


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