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Olas de pensamiento.



El budismo enseña que todas las cosas están en un continuo proceso de cambio. No hay nada que sea permanente y estático. Este principio lo aplica el budismo a todo lo que existe en el universo, incluidos los seres humanos. 
Las personas no tenemos unos estados o rasgos psíquicos invariables, aunque pueda parecer lo contrario. El budismo explica como la existencia de rasgos o estados estables en las personas es una manifestación ilusoria de la realidad cambiante que subyaceEs en este contexto que utiliza el término anatman, como negación de la existencia de un alma individual o atman.
Anatman es el 'no-yo', el 'no-ser-individuo'. Las palabras 'yo', 'mi mente', 'mi ser' no se referirían a ningún atributo estable de mi persona, no me definirían como ser diferenciado del resto, porque nada estable me define ni diferencia de ninguno otro en realidadLas palabras que se refieren a mí como un sujeto individual con estados y rasgos diferenciados ('yo', 'individuo'...) son simplemente términos acordados, de conveniencia, que nos permiten referirnos a los estados transitorios de las entidades cambiantes e inestables que somos realmente.
Las personas no tenemos una existencia plenamente autónoma, porque sólo lo absoluto (Brahman), que es el flujo constante de cambio, existe y nosotros nada más que estamos inmersos en este flujo de cambio. Somos anatman. Cuando hablamos de nuestra persona, o de nuestro yo, o de nuestra mente o de nuestra conciencia nos referimos, paradójicamente, no a lo que nos hace únicos o diferentes, como creemos, sino a lo que compartimos con el resto de seres humanos.

El hecho de que los atributos y procesos mentales estén en cambio constante es la expresión de un renacimiento permanente de nuestra mente en nuestro cuerpo, según el budismo. La mente cambia, 'renace' continuamente en las personas, en sus cuerpos, pero solo con una participación parcial de éstos. Las existencias individuales de las personas y los correspondientes atributos psíquicos individuales no son más que la manifestación de la participación de los cuerpos temporales en el flujo continuamente cambiante de la vida. Tales existencias y atributos no los genera la biología individual; aunque participa, no emergen de ella. Los cuerpos u organismos son algo secundario y transitorio en el proceso de la vida; son simples receptores de la acción del Brahman.

Los atributos psíquicos y los procesos mentales que los producen (la razón, la inteligencia, la voluntad), de hecho, no dejan de existir cuando el cuerpo muere, puesto que, en realidad, ya no los poseía la persona en vida (su cuerpo viviente) sino que existían desde antes, y siguen existiendo y se siguen manifestando en todas las personas que siguen vivas o que vienen a la vida después, renacen en ellas desde el eterno Brahman, aunque cada cuerpo individual muera en un momento u otro. 
Lo común, lo que comparte uno con las demás personas es lo mismo que comparte consigo mismo a lo largo de su vida, es el flujo del pensamiento o de conciencia, lo que en occidente consideramos un producto complejo del funcionamiento exclusivo de nuestro organismo individual, y que el budismo niega radicalmente. El pensamiento y la conciencia son, para esta filosofía, un continuo preexistente que actúa en el individuo y en su particularidad sensorial y experiencial, pero que no emerge originalmente de él. Actúa desde fuera simultáneamente sobre cada uno de la multitud de individuos, de modo que 'mueve' por igual toda la diversidad de vidas y personas, más allá de sus particularidades. Es una especie de 'flujo de la razón' o 'logos universal' o 'primer motor' que, con sus variaciones, continuamente hace renacer en las personas, a lo largo de toda su vida, los imprevisibles pensamientos y los variables estados de conciencia. Es en este sentido que afirma el budismo que el pensamiento y la conciencia son el principio creador fundamental. Y, en definitiva, el que nos veamos semejantes o diferentes a los demás, o a nosotros mismos a lo largo del tiempo depende del momento en que nos observamos a nosotros y observamos a los demás, simplemente.

En las escrituras budistas hay diversas ejemplificaciones de este proceso de 'renacimiento'. El sabio budista Nagasena responde al rey Milinda:

-Cuando alguien renace -preguntó el rey a Nagasena- ¿es el mismo que acaba de morir o es diferente?
-No es el mismo ni es diferente... -Contestó Nagasena-. Decidme: si un hombre encendiera una lámpara ¿podría proporcionar luz toda la noche?
-Sí.
-Entonces, la llama que arde en la primera vigilia de la noche ¿es la misma que la que arde en la segunda o en la última?
-No.
- ¿Quiere decir esto que hay una lámpara en la primera vigilia de la noche, otra en la segunda y otra en la tercera?
-No, la luz brilla toda la noche debido a esta única lámpara.


La vida y la muerte del cuerpo individual son accidentes biológicos que afectan, evidentemente, la existencia concreta del individuo, pero no trascienden al plano de la mente y la conciencia considerado como un todo. A cada instante la mente varía y los pensamientos van y vienen y se renuevan (como la llama de la lámpara). Esto es lo fundamental que sucede de un momento a otro y en una persona y en otra. En el fondo, es lo mismo decir 'un momento u otro' o 'una persona u otra', porque el devenir del pensamiento fluye aparte de nuestra individualidad (aunque no lo hagan los contenidos concretos de los pensamientos) y nadie puede modificar este flujo a voluntad. El logos del pensamiento renace y acontece por sí mismo, aparte de nuestra voluntad, porque justamente es él quien conforma nuestra voluntad (y el resto de nuestras capacidades mentales) y no al revés.


Como las inestables llamas. ...O como las variables olas. En los Aforismos de Patanjali leemos: Yoga es el control de las olas de pensamientoSeguramente no lo llegaremos a controlar del todo, pero si intentamos una y otra vez ver nuestra mente como agitada por olas imprevisibles, nos acostumbraremos a distinguir la verdadera naturaleza de nuestro pensamiento, así como el sufrimiento que genera el hecho de identificarnos con sus inestables contenidos, y cuan impotentes somos para disipar la tormenta... Porque las olas, al fin y al cabo, vienen de fuera, no las originamos nosotros.

Atman y Anatman son su manifestación, y Brahman es el principio por el cual el aire genera las olas y mueve la llama oscilante de nuestra mente. Brahman es lo que originariamente mueve nuestro pensamiento, lo que hay detrás de él y lo hace evolucionar, pero que no se muestra a mismo, porque es él quien muestra. 
Aparece al comienzo del Upanishad Kena:
¿Quién hace que la mente vaya tan lejos? ¿Quién hace que la vida comience su viaje? ¿Quién nos impele a expresar estas palabras?
Aquello que no se puede decir con palabras, pero hace que las palabras se digan. Sabe que es Brahman, el Espíritu, y no lo que la gente adora aquí.
Aquello que no se puede pensar con la mente, pero hace que la mente pueda pensar. Sabe que es Brahman, el Espíritu, y no lo que la gente adora aquí.




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