Ir al contenido principal

Entradas

Mostrando entradas de 2021

Upanishad Isa

  El espíritu, sin moverse, es más veloz que la mente; los sentidos no pueden alcanzarlo. Siempre se encuentra más allá de ellos. Está quieto pero adelanta a los que corren. En el océano de su ser el espíritu de la vida conduce los torrentes de la acción. Se mueve y no se mueve. Está lejos y está cerca. Está dentro de todo y fuera de todo. Upanishad Isa, c. 400 a. C.

Himnos órficos

En los llamados himnos órficos, que recoge Porfirio en una etapa tardía del orfismo, se señala, no ya a los sonidos o las vibraciones del aire, sino a los movimientos de éste en forma de auras o vientos, como fenómenos producidos por los dioses que tienen un efecto determinante en el ánimo de los humanos. En el himno 81, dirigido al Céfiro, el dios de la brisa del oeste, se implora: Hálitos del Céfiro que todo lo engendráis y vais por el aire, de dulce soplo, susurrantes, que poseéis la calma de la muerte. Primaverales, que os movéis por la pradera, deseados por los fondeaderos, porque cómodo puerto y ligera brisa aportáis a las naves. Venid, por favor, propicios, soplando sin reparo, por el aire, invisibles, muy ligeros y en aéreas apariencias. [1] Los hálitos del Céfiro son una brisa que sopla de manera dulce y tranquila, sin embargo, tienen un profundo poder: son principio y fin de lo que existe, “todo lo engendran”, y a la vez “poseen la calma de la muerte”. Pueden ser protectores,

Francisco de Sales

  No hay dos días exactamente iguales: los hay nubosos, lluviosos, también secos o ventosos; y esta variedad infinita aumenta en gran manera la belleza del universo. Y eso mismo pasa con el hombre que, como dijeron los antiguos, es un mundo en miniatura, porque nunca se encuentra demasiado tiempo en el mismo estado y su vida en la tierra fluye como las aguas poderosas, ondeando y fluyendo con una variedad infinita de movimientos; unos lo elevan con esperanza, otros lo abaten con temor; ora lo arrastran hacia la derecha con gozo, ora hacia la izquierda con temor; y no hay un solo día, ni una sola hora, de esta vida que sea exactamente igual a otro. San Francisco de Sales

Zoroastro

 Al alma le parece como si un viento perfumado con fragancia de flores soplara desde el Sur; y como si su propia conciencia llegara hasta ella en aquel viento con la forma de una gentil doncella. “¿Quién eres tú, la doncella más bella que nunca he visto?”, pregunta el alma del justo. “Oh, buen joven de buenos pensamientos, buenas palabras y buenas obras: de buena religión. ¡Yo soy tu propia conciencia!”. La doctrina de Zoroastro Yast , XXII

Wordsworth

He sentido una presencia que me turba con la dicha de elevados pensamientos; una percepción sublime de algo profundamente entrelazado, cuya morada es la luz de soles en ocaso, y el ancho océano y el aire viviente, y el cielo azul y la mente del hombre; un movimiento y un espíritu que impulsa todo lo que se piensa, los objetivos de todo pensamiento, y todo lo envuelve. William Wordsworth, 1770-1850

Mente limitada

¿Recuerdas que te comenté el lance de un raterillo que intentaba desesperadamente cruzar la carretera? Me dio que pensar… Era por la mañana temprano. Yo iba con el coche hacia el trabajo. Había mucho tránsito de vehículos a esas horas. El perro estaba afuera de un portillo al lado de la carretera, la cual intentaba cruzar con gran dificultad. Se veía al animal muy inquieto y nervioso. Sus movimientos no parecían seguir un plan mínimamente apropiado para cruzar. Tan pronto corría hacia un lado como hacia el otro del arcén. Miraba a derecha e izquierda de manera desordenada. Le vi hacer algunos intentos de atravesar justo cuando pasaba algún camión o algún coche, los cuales abortó, por fortuna, en el último instante. Con esas tentativas fallidas aumentaba cada vez más su ansiedad y desesperación. Los momentos que hubiera podido cruzar -con menos tránsito- no lo hacía. La situación lo desbordaba completamente, no tenía ningún tipo de control. Miraba pero no sabía qué mirar, no tenía crite