Ir al contenido principal

La máquina más sofisticada que jamás pueda existir

Decía H. Bergson “el espíritu abarca el pasado, mientras que el cuerpo está confinado en un presente que incesantemente vuelve a comenzar". En efecto, nuestra mente maneja contenidos que provienen del pasado pero funciona orgánicamente en el presente puro, el cual se renueva constantemente sean cuales sean esos recuerdos. Todo funcionamiento real, mental o de cualquier tipo, ocurre necesariamente en el presente...
Pero al presente no lo percibimos de un modo puro, solo lo podemos intuir; es una variable oculta a nuestro conocimiento directo sobre la que nada más podemos hacer suposiciones, pues toda percepción está contaminada por la huella del pasado, por los conocimientos que hemos ido fijando a lo largo del tiempo. Los recuerdos condicionan nuestra percepción de los objetos y de los eventos que suceden ahora. Sin embargo todo lo real acontece ahora, en 'un presente que incesantemente vuelve a comenzar' y en el que estamos confinados. Parece una paradoja terrible. 
El presente es la duración de los fenómenos, la duración de las acciones de nuestro organismo y de nuestros sistemas perceptivo y cognitivo. El presente es biología. En él está confinado irremediablemente cualquier actividad de nuestro organismo. Es una biología inestable, cambiante, de sucesos y acciones, que hace variar nuestra psicología más allá de los contenidos mentales y de sus asociaciones en la memoria. La variable actividad fisiológica que subyace a la mente es pura acción y sucesión, mientras que la mente, resultado subjetivo de tal sucesión, es una continua recreación del pasado, es una invención del pasado a partir de un presente físico y orgánico que, aunque lo sentimos, no lo conocemos.
La actividad físiológica de detrás de la mente, con sus variaciones, no es codificable a la mente misma, no es perceptible como contenido mental que ha de quedar fijado en la memoria, aunque sí es 'perceptible' muchas veces a nivel sensorial y en un grado elevado. La fisiología que subyace a la mente no entra en sus propios circuitos electrofisiológicos como contenido, puesto que es ella que los sostiene, les da la energía, los hace variar, funcionar, sucederse. Ninguna actividad por sí misma puede representarse a sí misma; algo así simplemente no puede existir.
Es una realidad primaria, totalmente animal, que simplemente acontece, sin una lógica, y que conforma los estados subjetivos que sentimos y sobre los cuales se despliega, eso sí, la lógica de los contenidos de la mente. Los tiñe, los modula, pero no es uno de ellos. Estos estados fisiológicos variables afectan todo el funcionamiento mental, la memoria, el pensamiento, las emociones pero no son asimilables como contenido. Rompen las reglas del juego de la asociación de ideas. No funcionan como huellas de memoria, ni como contenidos, ni como pensamientos, no son integrables en los circuitos informacionales. Pero los sentimos y lo afectan todo. Son mucho más primarios, son el precio que pagamos por ser organismos biológicos, por estar vivos; son la especificidad de nuestra biología. Son el 'élan vital'. Son lo que siempre nos diferenciará de la máquina más sofisticada que jamás pueda existir.




Entradas populares de este blog

Pneuma...

El término griego ‘pneuma’ significa espíritu, a la vez que aire, el simple y literal aire de la naturaleza. De ‘pneuma’ proviene una palabra tan alejada, en principio, de cualquier forma de espiritualidad como es ‘neumático’... Aire y espíritu son conceptos muy diferentes para nosotros, radicalmente diferentes debemos decir, en nuestras lenguas modernas, pero eran intercambiables en el griego antiguo. A decir verdad, todavía queda algún vestigio de ello en la actualidad: De la palabra griega ‘pneuma’ proviene ‘pneumatología’, una disciplina (marginal) que estudia los fenómenos del ‘pneuma’, esto es, la influencia de los ‘espíritus’ o ‘seres aéreos’, intangibles e invisibles, en las personas. En el contexto cristiano se reconoce la pneumatología como la parte de la teología que estudia los seres y fenómenos espirituales, en especial el 'espíritu santo' y sus efectos sobre el alma humana, como instrumento de las acciones de Dios.


En hebreo, ‘ruaj’ tiene exactamente la misma dob…

Mente, cuerpo y entorno.

La memoria no es una copia del pasado. El pasado no está en la memoria; está tan poco en la memoria como lo está el futuro. La mente es actividad presente. Los contenidos que la mente produce, sobre lo que ya ha sucedido (el pasado) o sobre lo que puede suceder (el futuro), son el resultado o fenómeno de su actividad, no son la actividad de la mente en sí. 
No se niega la existencia de la memoria. Con algunas de nuestras experiencias quedan marcas de memoria o recuerdos, es verdad, pero que en estas marcas queramos ver la realidad o una reproducción de ella se debe al sesgo de nuestra visión antropocéntrica y psicologizante, mediante la cual sustituimos el mundo por los contenidos mentales. Nuestra mente no trabaja como un ordenador, señala R. Epstein. Nuestro cerebro, en realidad, no es un almacén de información. Nuestro cerebro, estrictamente, no procesa información, ni recupera conocimientos ni guarda recuerdos. Los construye, en todo caso. El ordenador es una burda metáfora. El cere…

Mente, tiempo y repetición.

El tiempo subjetivo no es lineal, los momentos psicológicos tienen duraciones inconstantes e imprevisibles. La causa de ello es que nuestros estados internos, que son lo que conforma el devenir de nuestra existencia, son muy inestables. No es sólo el mundo alrededor nuestro lo que cambia, sino que, incluso cuando el entorno permanece objetivamente estable, si nos dedicamos a observarlo, podremos ver que nuestra experiencia subjetiva sigue fluctuando, sin que exista un motivo externo concreto. Y también podremos ver, si somos lo suficientemente perspicaces, que para afrontar esta paradoja lo que hacemos cada uno de nosotros es buscar (y encontrar) los motivos de nuestros cambios personales en unos contenidos mentales imaginados por nuestra psicología individual. Causas aparentes, que no reales, inventadas según la situación y condición de cada uno. Ilusiones personales cotidianas. En realidad, nuestra motivación, nuestras expectativas, nuestro esfuerzo, nuestro rendimiento... son variabl…