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Primus Motor

Vienen a decir las religiones cristiana y budista, y filósofos como Aristóteles, que lo que llamamos Dios y lo que llamamos razón son lo mismo. La razón es un estado mental positivo que ocurre cuando sentimos que nuestro pensamiento se acomoda a la realidad de modo que somos capaces de entenderla y de tener control sobre ella. Es cuando nos sentimos que poseemos la verdad, que es el máximo bien, siempre han considerado los filósofos, a que podemos aspirar las personas. Es lo que nos aporta la felicidad en tanto somos lo suficientemente inteligentes y buenos observadores para acertar a encontrar la verdad. Y Dios, dicen, es la Verdad.

La razón, como contenido o producto del proceso de discernimiento, es la satisfacción de entender el mundo. Como acción o proceso, es el mostrársenos del mundo a cada momento, en un flujo, que se corresponde con la actividad secuencial de la mente, con el discurso o 'logos' del pensamiento. El razonamiento es el flujo mental que experimentamos como la búsqueda de la verdad, de las múltiples verdades, de las grandes verdades pero también de las verdades del día a día de nuestra existencia. Es la búsqueda de sentido de las cosas y de los momentos y situaciones de la vida tal como suceden.
La razón es ante todo un 'logos', un discurrir. El razonar es el devenir de lo que percibimos del mundo, el devenir de las situaciones de la vida, a la vez que es el propio devenir de la mente. La razón no es algo estático, particular ni exclusivo de nadie. La razón es situacional y cambiante, no se la retiene, su devenir se escapa, es esquiva. Cuando sentimos que la hemos alcanzado la sensación de control que nos aporta solo es temporal, circunscrita a un suceso puntual. ¿Quién es tan sólido poseedor de la razón que puede predecir lo que ocurrirá al momento siguiente de su propia vida?
La razón es alguna cosa variable de la naturaleza que resulta inalcanzable a la razón misma. Nunca deja de cambiar. Dice el Bhagavad Gita que las acciones en general, y las acciones de la mente en particular, se desarrollan en el tiempo con la intervención de las fuerzas de la naturaleza, más allá de la individualidad, aunque el hombre, engañado por una ilusión autista, piensa que él es su agente principal. Nuestra mente, llevada por un logos que se mueve por sí mismo y que no acabamos de saber de dónde proviene ni a donde va, construye a cada momento nuestra propia vida. Vida y mente son lo mismo. Nuestra vida es la creación de nuestra mente, dice el Dhammapada.

Para Platón y Aristóteles el alma es literalmente vida y movimiento. La vida se define por el movimiento, y la causa primera del movimiento de un ser humano son su voluntad (o deseo) y su pensamiento (o razón), que constituyen las funciones superiores del alma humana. Actuamos por deseo y por decisión. La voluntad-deseo busca el bien aparente (el objeto del deseo) y la razón-pensamiento busca el bien real (la verdad), señalan. El impulso de ambas está en el origen del comportamiento humano.
La fuerza motriz del alma es el deseo, sostienen, porque el deseo es el tipo de movimiento que intenta alcanzar su objeto sin ser impulsado por ninguna otra causa previa manifiesta. El pensamiento o razón es la causa inmediatamente siguiente del comportamiento, pues enseguida intenta dirigir el deseo al bien absoluto de la verdad.
Estas causas no se generan en el individuo como ente aislado sino en la naturaleza entendida como un todo. Argumentan ambos filósofos que el alma se identifica con la esencia de la naturaleza, pues no existe la apariencia de que al alma la mueva algo distinto de ella misma. El deseo y el pensamiento son capaces de auto-generarse y de iniciar una acción sin una causa perceptible anterior. El alma humana, en sus funciones superiores de voluntad y pensamiento, por lo tanto, ha de ser una manifestación del  'primus motor', la causa primera: lo que mueve sin ser movido por un movimiento anterior.

Aristóteles, en sus obras biológicas, advierte más de una vez, con la precaución del científico, que, partiendo de la observación de los casos particulares, no es fácil trazar la línea divisoria entre lo que está vivo y lo que no, y resalta la continuidad de la naturaleza. Para Aristóteles todo el mundo natural está 'casi animado', existe una especie de sustancia-alma presente en todo el universo que lo mueve todo. El cielo está vivo y tiene su propia fuente de movimiento, dice en De caelo. El cielo es donde está el 'primus motor', que es a la vez el alma, afirma el filósofo de manera chocante para nosotros. El alma no está sólo en el interior de las personas, está por toda la naturaleza y proviene del cielo. Alma y cielo se identifican en una especie de 'alma universal'.
El 'primus motor' o 'alma universal' es incorpóreo, no tiene vida corporal, sin embargo es aquello generador de la vida o aquello que experimentamos como vida, dice Aristóteles. Y como primer engranaje del mecanismo de transmisión de la vida, desde este primer motor o alma universal hasta los organismos biológicos concretos, pasando por todas las formas de organización de la naturaleza, está el tipo más puro de materia: el aither, la sustancia aérea que se extiende desde el cielo por toda la naturaleza, que rodea las estrellas y las esferas del universo y que mueve el resto de elementos y que actúa, asimismo, sobre los seres vivos y les otorga la vida o alma tal como la conocemos. El éter es el primer engranaje material del mecanismo del alma, es la materia primera de la vida y del pensamiento y de la voluntad.

Lo que llamamos 'Dios' es una acción natural: es la vida, es el alma, es lo que mueve, por el aither, el pensamiento y la voluntad humanas. Aristóteles, quien no podía soportar la idea de los dioses antropomórficos, manifiesta que 'el Primer Motor Inmóvil es Dios y Dios es feliz y bienaventurado, no por ningún bien externo, sino en sí mismo y por su propio carácter natural'. Mantiene que, si despojamos a los dioses del agregado antropomórfico y de la servidumbre a los intereses de la ley y del poder con que los hombres los conciben, y nos quedamos con el hecho central de que con los dioses se nombran las sustancias primarias, entonces los podemos considerar una idea realmente inspirada. Hay que separar a Dios de toda forma de mito, sostiene. Y tan pronto mantiene que Dios es el motor inmóvil, afirma acto seguido que su actividad natural es, en efecto, el pensamiento. Aristóteles une de manera inmediata la acción del Primer Motor, o de Dios, con la facultad más elevada del hombre que es el pensamiento. Y parece que no sólo lo afirmó, sino que el estagirita defendió esta idea, la de una inteligencia suprema que está actuando continuamente por toda la naturaleza y sobre la mente de cada ser particular por el aither, con un entusiasmo insólito en él.
Fue una idea en la que trabajó extensamente a lo largo de toda su vida, y que evolucionó con su filosofía. La concepción platónica inicial del aither, que poseería un alma con todas las facultades mentales, un dios real, la acomodó Aristóteles a su sistema posterior como un elemento físico (el quinto) que tiene un movimiento continuo el cual transmite a los seres vivos y les otorga el alma, el pensamiento y la motivación, por unos mecanismos totalmente naturales. Este quinto elemento o aither, no sujeto ni a cambio ni a descomposición sino sólo al movimiento circular eterno, rodea todo el cosmos y penetra por todo él, aunque con una pureza decreciente en sus partes más bajas y cercanas a la tierra, sostiene. Por fricción del quinto elemento con los otros, y de éstos entre sí, el movimiento se transforma en un flujo de energía en forma de luz, calor y vida, y finalmente también en forma de alma y pensamiento.
Con palabras casi exaltadas, el de normal sosegado Aristóteles, defiende la naturalidad de este flujo, formado de acciones totalmente físicas, y la consecuente materialidad de sus manifestaciones anímicas y mentales. Entiende que éstas se expresan en cada individuo pero que provienen de fuera, como puros fenómenos físicos de la naturaleza considerada como un todo. La mente no tiene para él un origen ni interno ni metafísico.
La razón no emerge de algo misterioso del interior del hombre. Pero el hombre se equivoca y cree que sí, convirtiéndose en esclavo de este sentimiento y de esta concepción egocéntrica del mundo. Es en este momento que pierde el camino (la razón), se hace dependiente del sentimentalismo, se deja dominar por la fantasía. Es necesaria una visión del todo para no perderse, la cual nos viene dada por la inteligencia y la razón, por el flujo de conocimiento puro tal como acontece de manera natural. Y este flujo, como indica el propio término, acontece de manera 'fluctuante' y variable.
La mente humana no puede pensar a un nivel constante continuamente, dice Aristóteles. Hay una variabilidad muy notable de un momento a otro en nuestra capacidad de raciocinio. La disponibilidad del pensamiento es un 'logos', es variable por definición. Funcionamos a rachas breves de pensamiento, tal como vienen dadas. Forzar la reflexión abstracta más allá de su acontecer natural puede dañar incluso nuestra salud, señala el de Estagira. La razón y la verdad (o su ausencia: la estupidez, el sentimentalismo, el alejamiento de la realidad) no son solo cuestiones lógicas y morales sino de pura biología natural.
El alma es la disposición del cuerpo, la forma que adopta la actualidad del cuerpo, la experiencia subjetiva presente de los procesos vitales. El cuerpo es la materia sobre la que actúan los elementos materiales de la naturaleza, que manifiestan la acción del aither y del primer motor inmóvil. El cuerpo acusa y manifiesta el flujo del aither, y del resto de elementos materiales, en una sucesión de procesos vitales que el alma 'traduce' como un logos de pensamiento. O mejor dicho, esta sucesión de procesos vitales y mentales (logos) conforma lo que entendemos por 'alma'. El corazón, con los procesos de la respiración y la circulación de la sangre que difunden el aire (aither) por todo el cuerpo, es el órgano principal de la experiencia del alma. Este órgano, según el filósofo, proporciona el calor innato que hace posible la vida y la mente en dependencia con el devenir del aither del mundo.
El aither tiene inteligencia, o dicho de otra forma, cuando actúa (físicamente) sobre el hombre le aporta un flujo de pensamiento, una inteligencia. Exactamente esta afirmación tan fascinante la recogieron e intentaron darle una explicación científica los médicos hipocráticos y, más adelante, el también médico Miguel Servet. De ahí salieron unas teorías que no tuvieron mucha fortuna en el pensamiento dominante de occidente, es verdad, aunque sí aportaron pruebas empíricas a la genialidad original de Aristóteles.

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