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Comentarios de los tratados y sermones de Eckhart: Idea sexta.


Idea sexta: No hay que buscar a Dios. Dios es algo enteramente natural que simplemente existe y actúa por naturaleza sobre el hombre y todas las criaturas. El hombre, por mucho que lo desee, no tiene ningún tipo de preferencia sobre las demás criaturas en la acción 'divina'. Lo que llamamos Dios y los ángeles actúan sobre todo lo que es corpóreo sin diferencia, tanto si es una persona o una mosca. Los ángeles, la mosca y el alma son iguales en la acción divina. Sólo podemos, nosotros y las moscas, sufrir o disfrutar la realidad así como nos viene dada. Nuestros pensamientos y deseos no aportan ni quitan nada a la realidad y a la verdad en sí mismas. Por lo tanto, no hace falta buscar a Dios.

'Ahora diremos que Dios cuando es 'Dios', no es la meta perfecta de la criatura. Porque tan elevado rango de ser lo ocupa (también) la criatura más humilde en Dios. Y si sucediera que una mosca tuviera entendimiento y buscase racionalmente el abismo eterno del ser divino, del que ha provenido, diríamos que Dios, por más que fuera 'Dios', no podría satisfacer ni contentar esta mosca. Por eso le pedimos a Dios que nos desposeamos de 'Dios' y aprehendamos la Verdad, disfrutándola eternamente allí donde los ángeles supremos y la mosca y el alma son iguales, allí donde yo estaba y quería (ser) lo que era y era lo que quería (ser). Por lo tanto decimos: Si el hombre debe ser pobre en voluntad, tiene que querer y desear tan poco como quería y deseaba cuando no era. Y de esta manera es pobre el hombre que no desea.'
(Sermón LII.)

La gracia no entra nunca en las potencias superiores del alma (el entendimiento y la voluntad). Dios opera por naturaleza, no por gracia, en el entendimiento y la voluntad. Ahora bien, esta naturaleza de la unión entre Dios y alma es 'secreta', es un misterio. Esto no significa, sin embargo, que debamos confundirla con la gracia. La gracia no opera nada en la naturaleza (simplemente es lo que decimos que se deriva del ejercicio de una virtud).


'Por encima de la luz se encuentra la gracia; esta no entra nunca en el entendimiento ni en la voluntad. Si la gracia tuviera que entrar en el entendimiento, entonces el entendimiento y la voluntad deberían llegar más allá de sí mismos. Tal cosa no puede ser, porque la voluntad es tan noble en sí misma que no se la puede llenar sino con el amor divino. El amor divino opera obras muy grandes. Mas, por encima hay todavía una parte que es el entendimiento: éste es tan noble en sí mismo que no puede ser perfeccionado sino por la verdad divina. Por eso dice un maestro [Augustinus, De trin., XIV c. 8 n. 11.]: hay una cosa muy secreta que se encuentra por encima, eso es la cabeza del alma. Allí se realiza la verdadera unión entre Dios y el alma. La gracia no ha operado nunca ninguna obra, pero sí emana en el ejercicio de una virtud. La gracia no conduce nunca a la unión en una obra. La gracia es un in-habitar y un co-habitar del alma con Dios. Para ello es demasiado bajo todo lo que alguna vez se haya podido decir obra, ya sea exterior, ya sea interior.'
(Sermón XLIII.)

Para disfrutar a Dios Eckhart manifiesta que hay que tener presente que Dios se da por naturaleza, de manera inefable, y que sólo nos damos cuenta de algún resplandor ocasional de su existencia puesto que normalmente está oculto. Dios es un 'logos' de la naturaleza, pero no está enunciado, no lo comprendemos todavía.

'Cuando predico suelo hablar del desprendimiento y de que el hombre se libre de sí mismo y de todas las cosas. En segundo término (suelo decir) que uno debe ser informado de nuevo en el bien simple que es Dios. En tercer término, que uno recuerde la gran nobleza que Dios ha puesto en el alma porque el hombre, gracias a ella, llegue hasta Dios de manera milagrosa. En cuarto término (me refiero) a la pureza de la naturaleza divina... el resplandor que hay en la naturaleza divina, es cosa inefable. Dios es un Verbo, un Verbo no enunciado.'
(Sermón LIII.)


Eckhart. Obras alemanas. Tratados y sermones. Edhasa, Barcelona, 1983.

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