Ir al contenido principal

Comentarios de los tratados y sermones de Eckhart: Idea quinta.


Idea quinta: Dios es el cielo. El cielo es el lugar de todas las cosas porque da lugar a todas las cosas que podamos entender y conocer, las ordena y ubica en nuestro entendimiento. Lo que captan nuestros sentidos físicamente a la vez se nos infunde 'espiritualmente'. Si no, queda en pura sensibilidad corporal desatendida, aislada del conocimiento. En nuestro conocimiento y entendimiento (parte superior de nuestra alma) sólo puede entrar una reducción (una 'estampación') de lo que captan los sentidos exteriores cuando actúa el 'ángel', la fuerza etérea-espiritual.
'Lo que debe existir (junto) con muchas cosas, necesariamente debe encontrarse arriba. Lo que produce el fuego, debe estar, necesariamente, por encima de lo que enciende, como el cielo y el sol. Nuestros maestros más insignes opinan que el cielo es el lugar de todas las cosas y, sin embargo, (él mismo) no tiene lugar, ningún lugar natural, y da lugar a todas las cosas. Mi alma es indivisa y, sin embargo, se encuentra del todo en cada uno de los miembros. Donde ve mi ojo, no siente mi oído; donde siente mi oído, no ve mi ojo. Lo que yo veo o siento físicamente, se me infunde espiritualmente. Mi ojo recibe el color con la luz, pero éste no entra en el alma porque lo que entra en el alma es una reducción (del color). Todo lo que reciben los sentidos exteriores, para que sea introducido espiritualmente, viene de arriba, de parte del ángel: éste la estampa en la parte superior del alma. Ahora bien, nuestros maestros afirman [Thomas, S. theol. II II q. 185 a. 3 ad 3.]: Lo que se encuentra arriba, ordena y ubica lo inferior.'
(Sermón XXXV.)

En el fragmento siguiente Eckhart habla de manera más o menos abierta de la cuestión de la identidad entre el cielo y Dios. Si, como dicen algunos maestros, el cielo no es propiamente Dios, Dios tiene que ser necesariamente algo, un 'espíritu' o una 'luz', que se extiende totalmente por el cielo.
El cielo, o lo que tiene identidad con él, está por encima del tiempo y, a la vez, es la causa del tiempo. Hay quien dice, sin embargo, que el cielo es tan noble que no puede degradarse a ser la causa del tiempo. Ante lo que Eckhart matiza que el cielo, en su naturaleza, es atemporal, pero la trayectoria de las cosas que provienen de él y se alejan de él lo convierten en temporal, crean el tiempo. Así, todo lo que es corpóreo es temporal y es una deserción, un azar y un rebajamiento de la naturaleza del cielo.

'Dice un maestro que el cielo recibe inmediatamente de Dios. Otro maestro dice que no es así: porque Dios es un espíritu y una luz pura, por lo que lo que debe recibir inmediatamente de Dios, debe ser, por necesidad, un espíritu y una luz pura. Dice un maestro: Es imposible que algo corpóreo sea susceptible del primer efluvio violento allí donde emana Dios, si no es una luz o un espíritu puro. El cielo se encuentra por encima del tiempo y es la causa del tiempo. Un maestro dice que el cielo, en su naturaleza, es tan noble que no puede degradarse a ser la causa del tiempo. En su naturaleza no puede ser causa del tiempo; (pero), en su trayectoria es la causa del tiempo, es decir, en la deserción (de la naturaleza) del cielo, (más) él mismo es atemporal. Mi color no es mi naturaleza, sino que es una deserción de mi naturaleza, y nuestra alma se encuentra muy por encima y «está oculta en Dios». Entonces no digo sólo: por encima del tiempo, sino «oculta en Dios». Es esto lo que significa el cielo? Todo lo que es corpóreo es una deserción y un azar y un rebajamiento. El rey David dice: «Ante la vista de Dios, mil años son como un día que ha pasado» (Salmo 89, 4); porque todo lo que es futuro y todo lo que ha pasado se encuentra todo allí en un solo «ahora».'
(Sermón XXXV.)

En el siguiente párrafo vuelven a aparecer algunas ideas básicas sobre el orden natural del mundo, en especial el del cielo y su identidad con Dios: El cielo, en su parte más elevada, y Dios son lo mismo. El cielo, en su parte más elevada, no tiene lugar, porque es el Todo, lo abarca todo, pero en su decadencia, en las partes más bajas, es lugar y ubicación de las cosas corpóreas. Cuanto más tosca, sólida, corpórea, es una cosa, más abajo está y es más terrenal y alejada de Dios. Cuanto más sutil y etérea más parecida a Dios es, más vigorosa, porque abarca en el espacio y contiene físicamente las cosas que son más toscas y sólidas que están por debajo, y así es capaz de actuar físicamente sobre ellas. El fuego y el aire son más sutiles que el agua y la tierra. El fuego y el aire están en el cielo, engloban espacialmente, son ubicación de los elementos inferiores, y así tienen la capacidad de actuar sobre ellos. Y por encima de este cielo del aire y del fuego está el cielo del ángel más bajo, y así hacia arriba; cada ángel (los 'mensajeros de Dios'), que es más sutil y más extenso, se constituye en lugar, ubicación y medida del inferior, hasta llegar al espíritu más puro, a Dios, el Todo, el supremo 'operador'.

«El patriarca Jacob llegó a un lugar y al atardecer, cuando el sol se había puesto, quiso descansar (Cfr. Gén. 28, 10 s.). Se dice: en un lugar, sin nombrarlo. El lugar es Dios. Dios no tiene nombre propio y es un lugar y una ubicación de todas las cosas y es el lugar natural de todas las criaturas. El cielo en su (parte) más elevada y pura, no tiene lugar, sino que, en su decadencia, en su efecto, es lugar y ubicación de todas las cosas corpóreas que se encuentran por debajo de él. Y el fuego es (el) lugar del aire y el aire es (el) lugar del agua y de la tierra. Lugar es lo que me rodea, en el medio de lo que estoy. Así el aire rodea la tierra y el agua. Cuanto más sutil es una cosa, tanto más vigorosa es, por lo que es capaz de obrar dentro de las cosas que son más toscas y se encuentran por debajo de ella. La tierra (= el elemento) no es capaz de ser lugar en el sentido propio, porque es demasiado tosca y es también el más bajo de los elementos. El agua, en parte, es lugar, por ser más sutil es más vigorosa. Cuanto más vigoroso y sutil es el elemento, tanto más se presta para ser ubicación y lugar de otro. Así el cielo es (el) lugar de todas las cosas corpóreas y él mismo no tiene lugar que sea físico, más aún: su lugar y su orden y su ubicación lo constituye el ángel más bajo, y así siempre hacia arriba; cada ángel, que es más noble, se constituye en lugar y ubicación y medida de otro, y el ángel supremo se constituye en lugar y ubicación y medida de todos los otros ángeles que se encuentran por debajo de él, y él mismo no tiene lugar ni medida. Pero Dios tiene su medida (la del ángel) y es su lugar y el ángel es espíritu puro. Pero Dios no es espíritu, según las palabras de San Gregorio quien dice que todas las palabras que enunciamos acerca de Dios, son un balbuceo sobre Dios. Por eso dice (la Escritura): «Llegó a un lugar». El lugar es Dios que da su ubicación y orden a todas las cosas. He dicho algunas veces: Lo mínimo de Dios llena todas las criaturas y en eso viven y crecen y reverdecen, y lo máximo de Él no se encuentra en ninguna parte. Mientras el alma se encuentra en alguna parte, no está en lo máximo de Dios, que no se encuentra en ninguna parte.
(Sermón XXXVI b.)

Seguidamente, Eckhart razona de nuevo sobre las dos potencias más elevadas del alma: la voluntad y el entendimiento. Estas potencias superiores del alma son de un orden 'espiritual, etéreo, que Eckhart sitúa justo por debajo de los ángeles: 'recogen la luz de los ángeles, y junto con ella la luz divina'. Actúan sobre el cuerpo y la sensibilidad, y, aunque a veces nos puede parecer lo contrario, no dependen ni son afectadas en su verdadero ser por las cosas sensoriales. El caso de la voluntad parece muy claro. Dice Eckhart que la voluntad es tan libre que no se ve nada afectada por lo que captan nuestros sentidos, sino que 'opera su obra por su propia libertad'. Es decir, nuestra voluntad nos resulta imprevisible a nosotros mismos, nos equivocamos cuando intentamos entender y prever qué queremos y qué guía nuestras acciones. La experiencia sensorial con las cosas del mundo no le afecta, nuestro querer y nuestras acciones voluntarias no están guiadas por lo sensorial. La voluntad vuela libre, no depende, para nada, de nosotros mismos. Depende sólo de 'Dios'.

El entendimiento, por su parte, tiene cierta afectación de las cosas corpóreas. Es decir, nuestra capacidad de entender y conocer cosas se ve afectada, como parece evidente, por nuestra experiencia sensorial. Pero esta afectación sucede sólo en una cierta parte del entendimiento, en un 'mirar hacia abajo' en el que el conocimiento recibe la imagen de las cosas corpóreas. No sucede así en la parte más 'elevada' del entendimiento (el 'fondo' o 'chispa' del alma), a la que no le llega lo que llevan los sentidos. La actividad sensorial no le da al alma la 'luz' o conocimiento, sino que únicamente la prepara para recoger la 'luz' o conocimiento del ángel. El mundo sensorial es el contexto sobre el que se manifiesta el entendimiento puro, pero no es el entendimiento. El mundo sensorial aporta el objeto, pero no afecta la actividad de razonar o entender.

'Ahora bien, él dice: «quiso descansar en el lugar». Toda la riqueza y pobreza y bienaventuranza radican en la voluntad. La voluntad es tan libre y tan noble que no recibe (ningún impulso) de las cosas corpóreas, sino que opera su obra por su propia libertad. El entendimiento, ciertamente, recibe (la influencia) de las cosas corpóreas, en este aspecto la voluntad es más noble, pero sucede en cierta parte del entendimiento, en un mirar hacia abajo y en una bajada, que este conocimiento recibe la imagen de las cosas corpóreas. Mas, en la (parte) suprema, el entendimiento obra sin agregado de las cosas corpóreas. Dice un gran maestro: Todo lo que es llevado a los sentidos, no llega al alma ni a la potencia suprema del alma. Dice San Agustín, y también lo dice Platón, un maestro pagano, que el alma tiene en sí misma, por naturaleza, todo el saber, por lo que no hace falta que arrastre el saber hacia dentro, sino que mediante el estudio del saber externo, se revela el saber que, por naturaleza, se encuentra escondido en el alma. Es como (sucede con) un médico que, si bien me limpia el ojo y quita el obstáculo que me impide ver, no otorga la vista. La potencia del alma que obra en el ojo por naturaleza, sólo ella presta la vista en el ojo, una vez sacado el impedimento. Del mismo modo, no le da luz al alma todo lo que como imágenes y formas es ofrecido a los sentidos, sino que únicamente prepara y purifica el alma para que, en su parte más elevada, pueda recoger puramente la luz del ángel, y junto con ella la luz divina.'
(Sermón XXXVI b.)

Ciertas potencias del alma, más terrenales y temporales, operan con lo que perciben los sentidos, se centran en el aquí y ahora. El conocimiento y el entendimiento, al contrario, recogen lo que no hay aquí y ahora, tocan la naturaleza 'angelical', lo que se extiende en el tiempo. No obstante, aún reciben información de los sentidos. Esto no sucede con la voluntad. La voluntad no tiene ningún contacto con lo sensorial, opera desde lo más elevado. Según esto la voluntad es más noble que el entendimiento.

'...Ciertas potencias del alma perciben desde fuera, como hace el ojo: por más finamente que perciba y elimine lo más basto, toma, sin embargo, alguna cosa desde fuera que ha puesto sus miras en el aquí y en el ahora. El conocimiento y el entendimiento, sin embargo, lo tocan todo y recogen lo que no hay ni aquí ni ahora; en esta dimensión (el entendimiento) toca la naturaleza angelical. Pero sin embargo, recibe de los sentidos; de lo que los sentidos aportan desde fuera, recibe el entendimiento. La voluntad no hace tal cosa. En este punto la voluntad es más noble que el entendimiento. (La) voluntad no quita nada de ninguna parte que no sea el puro conocimiento donde no existe ni el aquí ni el ahora. Dios quiere decir: Por más elevada y pura que sea la voluntad, ella debe ascender más.'
(Sermón XXI.)

El entendimiento es una potencia superior del alma, dice Eckhart, que no pertenece tanto a nuestro cuerpo como a la espiritualidad y a la divinidad. Dios da vida al alma a través suyo, así como el alma da vida al cuerpo. En el fragmento siguiente, sin embargo, se esfuerza en concretar más la naturaleza de esta potencia superior del alma que es el entendimiento y viene a decir, lo que puede resultar sorprendente, que el entendimiento es un sentido, diferente de los cinco sentidos clásicos (vista, oído, tacto, gusto y olfato), pero un sentido en definitiva. La parte más elevada del alma no es nada muy elaborado, ni complejo ni misterioso que emane del hombre. No emana, para nada, del hombre, al contrario, el entendimiento se reduce a la captación sensible de la emanación que viene de afuera, del cielo. El entendimiento es, ni más ni menos, el sentido sensible a Dios. Es el sentido que ordena y da significado a las cosas del mundo y de la vida.

'¿Por qué dijo Nuestro Señor: "Tienes razón "? Él quiere decir: Los cinco maridos son los cinco sentidos; te poseyeron en tu juventud a su completa voluntad. Ahora, a tu edad madura, tienes uno que no es tuyo: es el entendimiento al que no obedeces». Cuando este «marido» está muerto, las cosas andan mal. El hecho de que el alma se separe del cuerpo causa gran dolor, pero que Dios se separe del alma, causa mucho más. Así como el alma le da vida al cuerpo, así Dios le da vida al alma. De la misma manera que el alma se derrama por todos los miembros, Dios introduce fluyendo en todas las potencias del alma y las atraviesa en forma tal que ellas continúan derramándolo (a Dios) con bondad y amor sobre todo lo que se encuentra cerca de ellas, para que todo esto lo perciba.'
(Sermón XXXVII.)

El entendimiento toma a Dios en su esencia, sin ningún tipo de juicio de valor ni nada añadido, a diferencia de la voluntad y el amor, que implican una valoración de bondad o de justicia o de poder o de sabiduría. El entendimiento toma a Dios como ser puro, no admite ninguna forma de juicio humano. En esto el entendimiento se asemeja a los ángeles; como ellos, forma parte de la divinidad desnuda.

'Ahora bien, dice la mujer: «Señor, mi marido, tu siervo, está muerto». «Siervo» significa lo mismo que alguien que recibe y conserva (algo) para su señor. Si el retuviera para sí mismo, sería un ladrón. El entendimiento es «siervo» en sentido propio antes que la voluntad o el amor. La voluntad y el amor se dirigen hacia Dios cuando es bueno, y si no fuera bueno, no se fijarían en él. El entendimiento (sin embargo) empuja hacia arriba, hacia la esencia, antes de pensar en la bondad o el poder o la sabiduría o cualquier cosa que sea accidental. No tiene en cuenta las cosas que se han añadido a Dios; lo toma a Él en Él (= en su sí mismo); hunde en el ser y toma Dios tal como es ser puro. Y aunque Él no fuera ni sabio ni bueno ni justo, lo tomaría, sin embargo, tal y como es ser puro. En esto el entendimiento se asemeja al orden supremo de los ángeles, que contiene los tres corazones: (los) Tronos que recogen en ellos a Dios y lo conservan en sí mismo y Dios descansa en ellos, (los) Querubines que conocen a Dios y persisten, los Serafines que son el fuego. A estos se parece el entendimiento y conserva a Dios en sí mismo. Junto con estos ángeles el entendimiento concibe a Dios en su vestíbulo, desnudo, tal como es Uno sin distinción.'
(Sermón XXXVII.)

El alma tiene dos miradas: una hacia el mundo y el cuerpo, la otra directamente hacia Dios. Este mirar a Dios y recibir la acción de la 'fuerza' divina puede perfectamente no ser consciente, porque el alma no se encuentra en 'su casa' sino que está en territorio de Dios. Emana de Dios y el hombre no tiene ningún poder. Es el nacimiento eterno, en cada momento, del 'hijo' (el entendimiento). El entendimiento se genera eternamente por la 'fuerza' divina.

'Pues bien, la mujer dice: «Señor, mi marido, tu siervo, está muerto. Se presentan aquellos con quienes tenemos deudas y se llevarán a mis dos hijos». Qué es lo que son los «dos hijos» del alma? San Agustín (y junto con él otro maestro pagano) habla de los dos rostros del alma. Uno está dirigido hacia este mundo y el cuerpo; en él (el alma) obra la virtud y el arte y la vida santificante. El otro rostro está dirigido directamente hacia Dios. En él reside continuamente la luz divina y esta obra allí dentro por más que ella (= el alma) no lo sepa, porque no se encuentra en su casa. Si la chispa del alma se toma pura en Dios, entonces el «marido» vive. Allí se da el nacimiento, allí nace el Hijo. Este nacimiento no ocurre una vez por año ni una vez por mes ni una vez por día, sino a toda hora, es decir, por encima del tiempo en la vastedad donde no existen ni aquí ni instante ni naturaleza ni pensamiento.'
(Sermón XXXVII.)

Eckhart distingue, siguiendo a Aristóteles, dos formas de entendimiento: el entendimiento posible o posibilidad, y el entendimiento activo o actividad. Por entendimiento posible se refiere a todo aquello que puede ser entendido, lo que se puede llenar de contenido, la capacidad de poder llegar a ser espiritualmente (fenomenológicamente) todas las cosas. Es el entendimiento que portan los ángeles. A cada conocimiento le corresponde un ángel, desde la eternidad.

'Ahora nos referiremos en otro sentido a los «dos hijos» del entendimiento. Uno es la posibilidad (= el entendimiento posible), el otro es la actividad (= el entendimiento activo). Resulta que un maestro pagano dice: «El alma tiene en esta potencia (= el entendimiento posible) la capacidad de llegar a ser espiritualmente todas las cosas». En la fuerza operante se parece al Padre y obra todas las cosas con destinación a un nuevo ser. Dios hubiera querido imprimirle la naturaleza de todas las criaturas, pero ella no existía antes que el mundo. Antes de que este mundo fuera creado en sí mismo, Dios había creado todo este mundo espiritualmente en cada uno de los ángeles.'
(Sermón XXXVII.)

El entendimiento existe antes que el pensamiento. La verdad existe antes de que yo la descubra. Mi pensamiento no crea la verdad, sólo la descubre. La verdad y el entendimiento existen fuera de nosotros (y los portan los ángeles).

'Al principio, cuando la palabra es recibida por mi entendimiento, ella es tan pura y sutil que es una palabra verdadera antes de ser configurada en mi pensamiento. En tercera (instancia) es pronunciada exteriormente por la boca y luego no es sinó una manifestación de la palabra interior. Así también, la palabra eterna es pronunciada interiormente en el corazón del alma, en lo más íntimo, en lo más acendrado, en la cabeza del alma, de la que hablé el otro día, (es decir) en el entendimiento: allí dentro se realiza el nacimiento. Quien no tuviera nada fuera de una idea plena y una esperanza de que así fuera, tendría ganas de saber cómo se realiza este nacimiento y qué es lo que ayuda para que tenga lugar.'
(Sermón XXXVIII.)

Por el entendimiento el alma conoce, por encima del espacio y del tiempo terrenales, lo que portan los ángeles. Y si a cada conocimiento posible le corresponde un ángel, el número de ángeles es tan grande que ningún número los puede abarcar. Pero, en el acto, a cada momento sólo podemos tener un conocimiento (el problema de la limitación de la atención), y este número tan grande se reduce a uno, a la Unidad que es Dios.

'Los maestros escriben que sería inverosímil si se afirmara cuál es la extensión del cielo (pero) la menor potencia que se encuentra en mi alma es más extensa que el extenso cielo, por ni siquiera hablar del entendimiento que es extenso sin extensión. En la cabeza del alma, (es decir) en el entendimiento, me encuentro tan cerca del lugar (que se encuentra) a más de mil millas más allá del mar, como del lugar que ocupo ahora. En esta extensión y en esa riqueza de Dios conoce el alma, allí nada se le escapa y allí ya no espera nada. «El ángel fue enviado.» Dicen los maestros (Thomas, S. theol. Y q. 50 a. 3 ad 1.) que la cantidad de ángeles constituye un número más allá de todo número. Su cantidad es tan grande que ningún número no los puede incluir, tampoco es posible imaginar su número. Para quien fuera capaz de concebir (la) diferenciación sin número y sin cantidad, cien sería lo mismo que uno. Aunque hubiera cien personas en la divinidad: aquel que supiera distinguir sin número ni cantidad, no conocería más que un solo Dios. La gente incrédula y algunas personas cristianas iletradas se sorprenden de esto, incluso algunos frailes saben sobre eso tan poco como una piedra: entienden por tres, tres vacas o tres piedras. Pero quién sabe concebir la diferenciación en Dios sin número ni cantidad, éste conoce que tres personas son un solo Dios.'
(Sermón XXXVIII.)

Cada ángel posee una naturaleza entera, lleva un determinado 'mundo' de conocimiento, separado y distinto de los demás. El conjunto total de los ángeles conforma el reino de Dios, el Todo. Los ángeles, sin embargo, son portadores, no crean nada; quien en verdad crea en el alma de los hombres es Dios, por medio de ellos.

'El ángel tiene nivel también muy alto: los más distinguidos de los maestros dicen (Thomas, S. theol I q. 11 a. 3; y Albertus Magnus, De Caelestis Hierarchi c. 5 § 7.) que cada ángel posee una naturaleza entera . Es como si hubiera un hombre que tuviera todo lo que todos los hombres juntos han poseído alguna vez, lo que poseen ahora y lo que deberán poseer en cualquier momento, en lo que a poder y sabiduría en todas las cosas se refiere, esto sería un milagro y, sin embargo, él no sería más que un hombre, porque este hombre tendría todo lo que tienen todos los hombres y, sin embargo, se encontraría lejos de los ángeles. Así pues, cualquier ángel tiene una naturaleza entera y se encuentra separado de otro, como un animal de otro que es de diferente especie. Dios es rico en esta cantidad de ángeles, y quien llega a conocer este hecho, conoce el reino de Dios. Ella (= la cantidad de ángeles) representa el reino de Dios, así como un señor es representado por la cantidad de sus caballeros. Por eso se dice: «Un señor-Dios de los ejércitos» (Isaías 1, 24 et passim). Toda esta cantidad de ángeles, por sublimes que sean, colaboran y ayudan para que Dios nazca en el alma, es decir: sienten placer y alegría y deleite por el nacimiento; (mas) no obran nada. Allí no hay ninguna obra de las criaturas, ya que Dios opera, Él solo, el nacimiento: en este aspecto les corresponde (sólo) una obra servil a los ángeles. Todo lo que coopera, constituye una obra servil.'
(Sermón XXXVIII.)

El modo como los ángeles sirven a Dios y portan el entendimiento es enormemente sublime y no se puede llegar a comprender del todo. A veces, sin embargo, se puede percibir un resplandor cuando 'reverdece, florece y vive todo cuando hay en este mundo' en el momento que el ángel actúa sobre el cielo más próximo a nosotros ('con su parte más baja toca el cielo') e ilumina el entendimiento.

'La obra que el ángel opera en Dios (= la obra servil) es tan sublime que nunca maestro o intelecto algunos podrían llegar a comprenderla. Pero, de esta obra cae una astilla-como cae una astilla de una viga que se desbasta (es decir) un resplandor, lo que sucede allí donde el ángel con su parte más baja toca el cielo, por eso reverdece y florece y vive todo lo que hay en este mundo.'
(Sermón XXXVIII.)

Dios está en el entendimiento. El entendimiento es tan sublime y puro que nada puede entrar ni estar allí si no es Dios en su más pura naturaleza. En la parte más elevada del alma no hay lugar para ninguna forma de pensamiento ni de juicio, que son añadidos secundarios, proyecciones hacia el mundo sensorial. El entendimiento puro emana de Dios y sólo de Dios depende.

'Hay una potencia en el alma (el entendimiento supremo) y no sólo una potencia sino: (una) esencia y no sólo (una) esencia, sino algo que desliga de la esencia... eso es tan puro y tan elevado y tan noble en sí mismo que ninguna criatura no puede entrar sino sólo Dios que vive allí. Ah sí, (lo digo) con plena verdad: Dios mismo no puede entrar tampoco en tanto tiene forma de ser, ni en tanto es sabio, ni en tanto es bueno, ni en tanto es rico. Ah sí, Dios no puede entrar allí con ninguna forma (de ser). Dios puede entrar allí sólo con su desnuda naturaleza divina.'
(Sermón XLII.)

'El entendimiento es el 'marido' de los ángeles dentro del alma, es de la misma naturaleza que los ángeles. Es la parte de los ángeles que está dentro del alma. Coexiste y está comprendido en la naturaleza de los ángeles.... El Espíritu Santo; Este se brinda sólo allí donde se vive con el entendimiento. El entendimiento es la parte suprema del alma donde, junto con los ángeles, tiene una coexistencia y un estar-comprendido en la naturaleza angelical. A la naturaleza angelical no la toca ningún tiempo, lo mismo sucede con el entendimiento que es el «marido» dentro del alma, no lo toca ningún tiempo.'
(Sermón XLIII)

'Al cuerpo humano le corresponde el elemento más bajo, el elemento sólido, la tierra. Sobre este elemento actúan todos los demás elementos, más elevados (el líquido, el aéreo, el ígneo, los ángeles y Dios, por este orden). El cuerpo está completamente rodeado por el cielo y recibe todo el influjo del cielo. Todo lo que obra y derrama el cielo es recibido por el cuerpo.«Homo», «el hombre», tiene el sentido de «el que está hecho de tierra», y significa «humildad». La tierra es el elemento más bajo y yace en medio y está rodeada completamente por el cielo y recibe en todo el influjo del cielo. Todo lo que obra y vierte el cielo, es recibido en medio del fondo de la tierra.'
(Sermón XLIV.)

Aquí Eckhart reduce todas las cosas a dos tipos de elementos: los corporales y los espirituales. Dios y el alma son espíritu. El alma, con sus potencias más elevadas, toca la eternidad, Dios le da en todo momento el entendimiento y la voluntad por medio de los elementos 'espirituales' o 'etéreos': los ángeles, el cielo, el aire... Pero, con sus potencias inferiores, el alma toca el tiempo y lo corporal, lo que el cuerpo percibe por los sentidos (los cinco sentidos clásicos), lo que es más o menos 'sólido'.
El alma, con su parte más baja, tiene una unión muy estrecha con el cuerpo. Pero con su parte más elevada es espíritu propiamente. Y no puede haber unión más estrecha que la de espíritu con espíritu (el espíritu del hombre con el espíritu que es llevado por los ángeles, el cielo...). Así los espíritus se confunden, son lo mismo, de hecho sólo habría, probablemente, un espíritu.
El alma conforma el 'yo'. La parte más espiritual del alma, que rebasa los límites del cuerpo, no debe ser vista como nada extraño ni diferente de la persona por el hecho de exceder el cuerpo infinitamente y formar parte del espíritu universal, sino que, al contrario, es su esencia.

'Dice un maestro [Dionysius Areopagita, De div. nom. c. 7 § 3.]: donde acaban los espíritus más bajos, allí empiezan las cosas corporales más elevadas. Todo esto quiere decir: Puesto que Dios es espíritu, por eso es más noble la cosa más insignificante que es espíritu, que lo más elevado que es corpóreo. En consecuencia, el alma es más noble que todas las cosas corpóreas por nobles que sean. El alma fue creada como en un punto entre el tiempo y la eternidad, junto a ambos. Con las potencias más elevadas toca la eternidad, pero con las potencias inferiores, el tiempo. Mirad, de tal manera obra en el tiempo, no según el tiempo sino según la eternidad. Esto lo tiene en común con los ángeles. Dice un maestro: el espíritu es un trineo que lleva la vida a todos los miembros debido a la gran unión que el alma tiene con el cuerpo. A pesar de que el espíritu sea racional y realice toda la obra que se efectúa en el cuerpo, no hay que decir: Mi alma conoce o hace esto o aquello, sino que hace falta expresar: Yo hago o conozco esto o aquello debido a la gran unión que hay entre ambos, porque los dos juntos son un solo hombre. Si una piedra recogiera por si misma el fuego, obraría de acuerdo con la potencia del fuego; mas, cuando el aire recoge por sí mismo la luz del sol, no aparece ninguna luz fuera del aire (iluminado). Esto se debe a la penetrabilidad que éste tiene hacia la luz; aunque en una milla (de espacio) cabe más aire que en media (milla). Mirad, me atrevo a decir, y es verdad: debido a la gran unión que tiene el alma con el cuerpo, el alma es tan perfecta en el miembro más insignificante como en todo el cuerpo. En referencia a esto dice Agustín [De trin. VIII c. 7.]: si (ya) es tan grande la unión existente entre cuerpo y alma, es mucho mayor la unión en la que el espíritu se une con el espíritu.'
(Sermón XLVII.)

Siendo el cielo y la tierra totalmente desiguales, el cielo se derrama totalmente en la tierra de manera fecundante. El cielo, en toda su extensión, engendra vida en todo lo terreno y corporal.

'Dice un maestro: Todas las cosas iguales se estiman recíprocamente y se unen unas con otras, y todas las cosas desiguales se repelen y se odian unas a otras. Y ahora dice un maestro que no hay nada tan desigual entre sí como el cielo y la tierra. La tierra ha experimentado en su naturaleza que está alejada del cielo y (que le es) desigual. Por eso huyó de él hasta el lugar más bajo y por eso la tierra es inmóvil para no aproximarse al cielo. Éste, en su naturaleza, notó que la tierra huyera de él ocupando el puesto más bajo. Por lo tanto se vierte totalmente, de manera fecundante, sobre la tierra, y los maestros opinan que el cielo ancho y extenso no se reserva ni la anchura de la punta de una aguja, sino que engendra a sí mismo sin restricciones, y de manera fecundante, en la tierra. Debido a esto se dice que la tierra es la criatura más fértil entre todas las cosas sujetas al tiempo.'
(Sermón XLVIII.)


Eckhart. Obras alemanas. Tratados y sermones. Edhasa, Barcelona, 1983.


Entradas populares de este blog

Pneuma...

El término griego ‘pneuma’ significa espíritu, a la vez que aire, el simple y literal aire de la naturaleza. De ‘pneuma’ proviene una palabra tan alejada, en principio, de cualquier forma de espiritualidad como es ‘neumático’... Aire y espíritu son conceptos muy diferentes para nosotros, radicalmente diferentes debemos decir, en nuestras lenguas modernas, pero eran intercambiables en el griego antiguo. A decir verdad, todavía queda algún vestigio de ello en la actualidad: De la palabra griega ‘pneuma’ proviene ‘pneumatología’, una disciplina (marginal) que estudia los fenómenos del ‘pneuma’, esto es, la influencia de los ‘espíritus’ o ‘seres aéreos’, intangibles e invisibles, en las personas. En el contexto cristiano se reconoce la pneumatología como la parte de la teología que estudia los seres y fenómenos espirituales, en especial el 'espíritu santo' y sus efectos sobre el alma humana, como instrumento de las acciones de Dios.


En hebreo, ‘ruaj’ tiene exactamente la misma dob…

Mente, cuerpo y entorno.

La memoria no es una copia del pasado. El pasado no está en la memoria; está tan poco en la memoria como lo está el futuro. La mente es actividad presente. Los contenidos que la mente produce, sobre lo que ya ha sucedido (el pasado) o sobre lo que puede suceder (el futuro), son el resultado o fenómeno de su actividad, no son la actividad de la mente en sí. 
No se niega la existencia de la memoria. Con algunas de nuestras experiencias quedan marcas de memoria o recuerdos, es verdad, pero que en estas marcas queramos ver la realidad o una reproducción de ella se debe al sesgo de nuestra visión antropocéntrica y psicologizante, mediante la cual sustituimos el mundo por los contenidos mentales. Nuestra mente no trabaja como un ordenador, señala R. Epstein. Nuestro cerebro, en realidad, no es un almacén de información. Nuestro cerebro, estrictamente, no procesa información, ni recupera conocimientos ni guarda recuerdos. Los construye, en todo caso. El ordenador es una burda metáfora. El cere…

Mente, tiempo y repetición.

El tiempo subjetivo no es lineal, los momentos psicológicos tienen duraciones inconstantes e imprevisibles. La causa de ello es que nuestros estados internos, que son lo que conforma el devenir de nuestra existencia, son muy inestables. No es sólo el mundo alrededor nuestro lo que cambia, sino que, incluso cuando el entorno permanece objetivamente estable, si nos dedicamos a observarlo, podremos ver que nuestra experiencia subjetiva sigue fluctuando, sin que exista un motivo externo concreto. Y también podremos ver, si somos lo suficientemente perspicaces, que para afrontar esta paradoja lo que hacemos cada uno de nosotros es buscar (y encontrar) los motivos de nuestros cambios personales en unos contenidos mentales imaginados por nuestra psicología individual. Causas aparentes, que no reales, inventadas según la situación y condición de cada uno. Ilusiones personales cotidianas. En realidad, nuestra motivación, nuestras expectativas, nuestro esfuerzo, nuestro rendimiento... son variabl…