Ir al contenido principal

Comentarios de los tratados y sermones de Eckhart. Idea segunda.


Idea segunda: 'Dios' es el principio creador del orden natural del mundo, es el devenir de la naturaleza, que actúa en todo momento y por todas partes, sin limitaciones de tiempo ni de espacio.

El principio creador del orden natural (Dios) actúa por sí mismo toda la eternidad. Su acción es continua, no empieza ni termina y se explica por sí misma y no por ninguna otra cosa, porque ella misma es el orden de todo. El ser que se crea es una misma cosa que el crear. El crearse del mundo es lo mismo que el creador. Dios es el principio creador del orden natural. Dios y el devenir de la naturaleza son una misma cosa, que llamamos el orden natural-divino.
No existen ni el pasado ni el futuro, sólo existe el presente que siempre deviene. Cualquier acción se sitúa siempre en el presente.

'Dios ama por amor de sí mismo y obra todas las cosas por amor de sí mismo, lo cual quiere decir que ama a causa del amor y obra debido al obrar; pues, sin lugar a dudas, Dios nunca habría engendrado en la eternidad a su Hijo unigénito si el haber engendrado no fuera igual que el engendrar. Por eso dicen los santos (Cfr. Petrus Lombardus, Libri Sententiarum Sent. Id.9 c.4 y allí los mencionados Testimonia sanctorum) que el Hijo ha nacido tan eternamente que sigue naciendo sin cesar. Si el ser-creado no fuera (una y la misma cosa que) el crear, Dios tampoco habría creado nunca el mundo. Resulta pues, que Dios ha creado el mundo de tal manera que aún lo sigue creando sin cesar. Todo el pasado y todo lo venidero le resultan a Dios ajenos y distantes. Y así: quien nació de Dios (como) hijo de Dios, ama a Dios por amor de Él mismo, es decir, ama a Dios a causa del amar-a-Dios y obra todas sus obras debido al obrar.'
(El libro de la consolación divina. Consolación 2.)

Dios es el Uno, la Unidad. Cualquier objeto de pensamiento nos distrae del Uno. Casi hay que ir a un desierto, allí donde no hay distracciones ni preocupaciones, nada, para sentir el Uno. Porque allí no hay nada más, allí Dios 'nos habla a nuestro corazón'. Y oir la 'palabra' -el logos, el orden- de Dios es la máxima aspiración, consciente o no, de todas las criaturas, las más bajas y las más elevadas. Todo el mundo desea acercarse al entendimiento del verdadero-orden-del-mundo / Dios.

'«Yo» -dice el Padre-, «quiero conducirlos a un desierto y allí hablaré en sus corazones» (Oseas 2, 14). De corazón a corazón, uno dentro del Uno, (he aquí lo que) ama a Dios. Todo lo que resulta ajeno y distante a eso (= el Uno) lo odia Dios. Él atrae y arrastra hacia el Uno. Todas las criaturas buscan el Uno, incluso las más bajas lo buscan, y las más elevadas perciben el Uno; arrastradas más allá de su naturaleza y transformadas en la (divina) imagen, ellas buscan la Unidad en el Uno, el Uno en sí mismo. Por eso habrá dicho el Hijo -en la divinidad Hijo (= Logos) en el Padre-: Allí donde estoy yo, habrá de estar quien me sirve, quien me sigue, quien viene hacia mí.'
(El libro de la consolación divina. Consolación 2.)

Dios, el principio creador responsable del verdadero orden natural, otorga el ser como son al hombre y a todas las criaturas, el ser que es accesible a nuestro conocimiento, los actos de la experiencia y las potencias. Sin este ser, nada de valor parecido a lo que conocemos existiría. La palabra de Dios / logos de la naturaleza contiene los significados verdaderos y preciosos de las cosas creadas.

'Si se sacara a todas las criaturas del mundo entero el ser que otorga Dios, quedarían (hechas) una simple nada desagradable, falta de valor y aborrecible. En la palabra según la cual todo el bien viene junto con Dios, se esconden aún muchos otros significados preciosos...'
(El libro de la consolación divina. Consolación 2.)

El orden del mundo / Dios es eterno. Ha existido siempre. Es el principio creador y rector del mundo. Crea a la vez que rige. Rige a la vez que crea. Ahora mismo crea, y ha creado siempre. Es inmutable, nada le afecta. Él es todo y todo se reduce a la Unidad. Es impecable e implacable. Si nada le afecta, menos lo hacen las intenciones y las acciones de los hombres y de las criaturas. Él es el todo, y las acciones del hombre son sólo una parte del todo. Él es la naturaleza: eterna, inmutable, implacable. Es el devenir de la naturaleza.

Ahora debes saber que Dios, antes de existir el mundo, se ha mantenido -y continúa haciéndolo- en este desprendimiento inmóvil, y debes saber (también): cuando Dios creó el cielo y la tierra y todas las criaturas, (esto) afectó su desprendimiento inmóvil tan poco como si nunca ninguna criatura hubiera sido creada. Digo más aún: Cualquier oración y obra buena que el hombre pueda realizar en el siglo, afecta al desprendimiento divino tan poco como si no hubiera ninguna oración ni obra buena en la temporalidad, y debido a ellas Dios nunca se vuelve más benigno ni mejor dispuesto hacia el hombre que en el caso de que no hiciera nunca ni una oración ni las obras buenas. Digo más: Cuando el Hijo en la divinidad quiso hacerse hombre y lo hizo y sufrió el martirio, esto afectó el desprendimiento inmóvil de Dios tan poco como si nunca se hubiera hecho hombre.
(Del desprendimiento.)

Por tanto, al orden de la naturaleza en nada le afectan los deseos y los ruegos de los hombres. La única forma válida de 'oración' es el acercamiento a la naturaleza misma, hacernos semejantes a ella, mediante el dejación de las ocupaciones humanas o 'terrenales'. Cuando esta dejación es completa y pura los hombres dejan de tener interés por cualquier otro objeto de conocimiento o de estimación, porque ya están totalmente llenos de conocimiento y de estimación de Todo. El Uno es Todo. Paradójicamente, los hombres están llenos de conocimiento de Todo cuando se sitúan en el vacío mental, porque saben, por su experiencia, que sus conocimientos humanos son equivocados, y que es en la naturaleza que existe el verdadero orden que todo lo rige, el cual, normalmente, les está oculto.

'Pero ahora pregunto yo: ¿cual es la oración del corazón desprendido? Contesto diciendo que la pureza desprendida no puede rezar, pues quien reza desea que Dios le conceda algo o solicita que le quite algo. Ahora bien, el corazón desprendido no desea nada en absoluto, tampoco no tiene nada en absoluto de lo que quisiera ser liberado. Por eso se abstiene de toda oración, y su oración sólo implica ser uniforme con Dios. En esto se basa toda su oración.(...) A este respecto podemos referirnos también a la palabra pronunciada por Agustín: El alma tiene una entrada secreta a la naturaleza divina donde se le abruman todas las cosas. En esta tierra la tal entrada no es sino el desprendimiento puro. Y cuando el desprendimiento llega a lo más elevado, se vuelve carente de conocimiento a causa del conocimiento, y falta de amor a causa del amor y oscura debido a la luz.'
(Del desprendimiento.)

Eckhart plantea la cuestión de la atención y conocimientos humanos, que por necesidad habrían de tender hacia Dios. La atención y el conocimiento sólo pueden estar centrados en un objeto en cada momento, como sabemos por la psicología. Nuestra alma es tan simple que sólo percibe la unidad, sólo 'hace presente' la unidad. Dios es el único conocimiento, al que podemos dirigir nuestra atención, que engloba a todos los demás. Es el Uno que engloba el Todo. Nuestra alma, ávida de conocimiento, tiende siempre, por tanto, hacia Dios, la unidad más elevada que lo engloba todo. Conocimiento (o entendimiento) y Dios son lo mismo. En toda búsqueda intelectual lo suficientemente profunda acabarán coincidiendo siempre.

'El alma es tan simple en sí misma que ella, en todo momento, no puede percibir sino una sola imagen. Cuando percibe la imagen de la piedra, no percibe la imagen del ángel, y cuando percibe la imagen del ángel, no percibe ninguna otra, y la misma imagen que percibe, debe amar también en su estar presente. Si percibiera mil ángeles sería lo mismo que a dos ángeles y, sin embargo, no percibiría nada más que a uno solo.'
(Sermón X.)

El entendimiento aprehende Dios en su unidad, en su 'desierto', sin valores ni criterios ni juicios accesorios. El alma o entendimiento, cuando es tocada por Dios sin añadidos nuestros, se convierte en perfecta, se convierte en el Uno, es tan noble como Dios mismo. Dios la toca según es él el logos y orden del mundo. La parte cognitiva del alma, el entendimiento, es Dios mismo, porque Dios y entendimiento son ambos el natural orden-logos del mundo. No hay unión mayor que la existente entre Dios y entendimiento. Dónde se encuentra Dios, se encuentra el entendimiento, y donde se encuentra el entendimiento, se encuentra Dios.

'He hablado de una potencia (= el entendimiento) en el alma, en su primer efluvio violento esta potencia no aprehende Dios en cuanto es bueno, tampoco la aprehende en cuanto es verdad: ella penetra hasta el fondo y sigue buscando y aprehende Dios en su unidad y en su desierto; aprehende Dios en su yermo y en su propio fondo. Y por eso nada puede satisfacerla; ella sigue buscando qué es lo que es Dios en su divinidad y en la propiedad de su propia naturaleza. Ahora bien, dicen que no hay mayor unión que el hecho de que las tres personas sean un solo Dios. Entonces -así dicen- no hay ninguna unión mayor que la (existente) entre Dios y el alma. Cuando sucede que el alma recibe un beso de la divinidad, se alza llena de perfección y bienaventuranza, entonces es abrazada por la unidad. En el primer toque con el que Dios ha tocado y toca el alma en su carácter de no-creada y no creable, allí el alma es -en cuanto al toque de Dios- tan noble como Dios mismo. Dios la toca según [es] Él mismo.(...) El alma tiene un ser racional, cognoscitivo, por eso: allí donde se encuentra Dios, se encuentra el alma, y donde se encuentra el alma, allí se encuentra Dios.
Ahora bien, se dice: «Fue encontrado en su interior». «Interior» es lo que vive en el fondo del alma, en lo más íntimo del alma, en el entendimiento, y que no sale ni mira nada.'
(Sermón X.)

El máximo don es que Dios engendra a su 'hijo' ('logos', palabra, conocimiento) de manera natural en nosotros, en el ser más profundo de nuestra alma, que es el entendimiento. La 'gracia' es la manifestación de algo que fluye desde el principio creador eterno (Dios) en el ser profundo de nuestra alma (el entendimiento), pero no así a las -otras- potencias del alma, que están contaminadas, en alguna medida, por cosas terrenales (la experiencia personal, la memoria...). En el entendimiento, en la esencia más pura de lo que engendra el logos o 'hijo' de Dios, no hay nada más que él mismo. Todo lo demás está afectado por lo terrenal en alguna medida. El fluir del entendimiento, en sí, es 'divino', puro, natural, aunque sus contenidos son inevitablemente terrenales puesto que recogen nuestra existencia cotidiana necesariamente.

'En un escrito se dice: Este es el don máximo, que somos hijos de Dios y que Él engendra en nosotros a su Hijo (véase 1 Juan 3, 1). El alma que pretende ser hija de Dios no debe iluminar nada en sí misma, y en aquella en la que habrá de nacer el Hijo de Dios, no debe engendrarse nada más. La intención máxima de Dios consiste en engendrar. Nunca se contenta, salvo que engendre en nosotros a su Hijo. El alma tampoco se da por satisfecha de ninguna manera, si no nace en ella el Hijo de Dios. Y de allí surge la gracia. Allí se infunde (la) gracia. (La) gracia no obra; su devenir es su obra. Fluye desde el ser divino y fluye en el ser del alma, mas no en las potencias.'
(Sermón XI.)


Eckhart. Obras alemanas. Tratados y sermones. Edhasa, Barcelona, 1983.

Entradas populares de este blog

Pneuma...

El término griego ‘pneuma’ significa espíritu, a la vez que aire, el simple y literal aire de la naturaleza. De ‘pneuma’ proviene una palabra tan alejada, en principio, de cualquier forma de espiritualidad como es ‘neumático’... Aire y espíritu son conceptos muy diferentes para nosotros, radicalmente diferentes debemos decir, en nuestras lenguas modernas, pero eran intercambiables en el griego antiguo. A decir verdad, todavía queda algún vestigio de ello en la actualidad: De la palabra griega ‘pneuma’ proviene ‘pneumatología’, una disciplina (marginal) que estudia los fenómenos del ‘pneuma’, esto es, la influencia de los ‘espíritus’ o ‘seres aéreos’, intangibles e invisibles, en las personas. En el contexto cristiano se reconoce la pneumatología como la parte de la teología que estudia los seres y fenómenos espirituales, en especial el 'espíritu santo' y sus efectos sobre el alma humana, como instrumento de las acciones de Dios.


En hebreo, ‘ruaj’ tiene exactamente la misma dob…

Mente, cuerpo y entorno.

La memoria no es una copia del pasado. El pasado no está en la memoria; está tan poco en la memoria como lo está el futuro. La mente es actividad presente. Los contenidos que la mente produce, sobre lo que ya ha sucedido (el pasado) o sobre lo que puede suceder (el futuro), son el resultado o fenómeno de su actividad, no son la actividad de la mente en sí. 
No se niega la existencia de la memoria. Con algunas de nuestras experiencias quedan marcas de memoria o recuerdos, es verdad, pero que en estas marcas queramos ver la realidad o una reproducción de ella se debe al sesgo de nuestra visión antropocéntrica y psicologizante, mediante la cual sustituimos el mundo por los contenidos mentales. Nuestra mente no trabaja como un ordenador, señala R. Epstein. Nuestro cerebro, en realidad, no es un almacén de información. Nuestro cerebro, estrictamente, no procesa información, ni recupera conocimientos ni guarda recuerdos. Los construye, en todo caso. El ordenador es una burda metáfora. El cere…

Mente, tiempo y repetición.

El tiempo subjetivo no es lineal, los momentos psicológicos tienen duraciones inconstantes e imprevisibles. La causa de ello es que nuestros estados internos, que son lo que conforma el devenir de nuestra existencia, son muy inestables. No es sólo el mundo alrededor nuestro lo que cambia, sino que, incluso cuando el entorno permanece objetivamente estable, si nos dedicamos a observarlo, podremos ver que nuestra experiencia subjetiva sigue fluctuando, sin que exista un motivo externo concreto. Y también podremos ver, si somos lo suficientemente perspicaces, que para afrontar esta paradoja lo que hacemos cada uno de nosotros es buscar (y encontrar) los motivos de nuestros cambios personales en unos contenidos mentales imaginados por nuestra psicología individual. Causas aparentes, que no reales, inventadas según la situación y condición de cada uno. Ilusiones personales cotidianas. En realidad, nuestra motivación, nuestras expectativas, nuestro esfuerzo, nuestro rendimiento... son variabl…