Ir al contenido principal

Comentarios de los tratados y sermones de Eckhart. Idea primera.


Idea primera: Es necesario distanciarse, de alguna manera, de las ocupaciones cotidianas y del desorden que imponemos las personas a las cosas, para poder entender el natural y verdadero orden del mundo ('Dios'). Porque 'Dios' no es el contenido del pensamiento desordenado de los hombres, sino todo lo contrario, es el orden del mundo, y sólo se le capta por una actitud mental y un deseo sostenido de entenderlo. 'Dios' es algo real y natural, es la esencia de la naturaleza, es el orden natural de las cosas, el cual debemos esforzarnos en entender. Es el conocimiento.

Hay que dejar las preocupaciones cotidianas, el cuidado de todo lo 'terrenal', porque el orden que imponemos al mundo con nuestra mente limitada desordena el orden natural-divino y nos perturba a nosotros mismos innecesariamente.

'...quien te perturba eres tú mismo a través de las cosas, porque te comportas desordenadamente ante ellas.'
(Pláticas instructivas. 3. De las personas no desafectadas que están llenas de propia voluntad.)

Y hay que dejar el cuidado de las cosas cotidianas de manera radical: renunciar a uno mismo, a la voluntad propia, y ser 'pobre en espíritu'.

'Nuestro Señor: «Bienaventurados son los pobres en espíritu (Mateo 5, 3), o sea, en la voluntad. Y nadie debe dudar de ello: si existiera un modo mejor, Nuestro Señor lo habría mencionado, así como dijo también: «¿Quién me quiere seguir que se niegue primero a sí mismo» (Mateo 16, 24); de ello depende todo. Presta atención a ti mismo, y allí donde te encuentres a ti, allí renuncia a ti, esto es lo mejor de todas.»'
(Pláticas instructivas. 3. De las personas no desafectadas que están llenas de propia voluntad.)

Dios no es el simple contenido de un pensamiento, sino que se le capta por una actitud mental y un deseo sostenido de entenderlo. Dios es real, es la esencia de la naturaleza, es el orden natural de las cosas, que debemos esforzarnos en entender. Es el conocimiento verdadero de la naturaleza.

'Esta verdadera posesión de Dios depende de la mente y de una entrañable (y) espiritual tendencia y disposición hacia Dios, (y) no de un continuo y parejo pensamiento (cifrado) en Dios, porque eso sería para la naturaleza una aspiración imposible, sería muy difícil y además no sería ni siquiera lo mejor de todo. El hombre no debe tener un Dios pensado ni contentarse con Él, pues cuando se desvanece el pensamiento, también se desvanece ese Dios. Uno debe tener más bien un Dios esencial que se encuentra por encima de los pensamientos de los hombres y de todas las criaturas. Este Dios no se desvanece, a no ser que el hombre voluntariamente se aparte de Él.'
(Pláticas instructivas. 6. Del desprendimiento y de la posesión de Dios.)

Renunciar a la propia voluntad y aceptar el orden natural-divino significa dar cabida a las incomodidades y sufrimientos que ocurren, y no pretender huir de ellos ni rechazarlos. Porque no podemos evitar ni resolver lo que no depende de nuestra voluntad. Del mismo modo, lo más natural es aceptar los honores o comodidades cuando ocurren, que igualmente no dependen de nosotros. Pretender guiarnos por nuestra voluntad, en cualquier caso y tanto si somos conscientes o no, sólo aporta confusión y sufrimiento.

'Y así considero que la mejor de todas las cosas es esta: que el hombre se confíe completamente a Dios, de modo que él, si Dios quiere imponerle una carga, ya sean ignominias, penas o un sufrimiento cualquiera, la acepte con alegría y gratitud, y que el hombre, antes que colocarse a sí mismo en tal situación, se deje guiar por Dios. Por lo tanto aprended todo gustosamente de Dios y seguidlo, así seréis buenos! Procediendo de esta manera también es lícito aceptar honores o comodidades. Mas si a tal hombre le sobrevienen incomodidades y deshonra, que las aguante también y esté dispuesto a hacerlo con gusto. Y por eso pueden comer con pleno derecho quienes estarían igualmente dispuestos a ayunar. 
Que uno aprenda a desprenderse de sí mismo hasta no retener ya nada propio. Todo el tumulto y la discordia provienen siempre de la propia voluntad, no importa que uno lo note o no. Uno mismo se entregará, junto con todo lo suyo, a la buena y querida voluntad de Dios, mediante el puro desprendimiento del querer y del deseo, y esto respecto a todo lo que uno pueda querer o desear en orden a cualquier cosa.'
(Pláticas instructivas. 18. ¿De qué manera el hombre puede aceptar, si le corresponde, un plato delicioso, vestimenta noble y compañeros alegres, tales como le tocan en el orden natural.)

La dejación de las ocupaciones y pensamientos desordenados nos acerca a Dios-orden de la naturaleza, nos hace semejantes a él; nos acerca al entendimiento de nosotros mismos en el orden del mundo. Si este acercamiento en verdad se produce, las cosas 'terrenales' dejan de tener interés para nosotros.

'Cuando el espíritu libre se mantiene en verdadero desprendimiento, le obliga Dios a (acercarse a) su ser, y si fuera capaz de estar sin ninguna forma ni accidente, adoptaría el propio ser de Dios. Pero este (ser) no lo puede dar Dios a nadie fuera de Él mismo, por lo tanto, Dios no le puede hacer al espíritu después ninguna otra cosa que el dársele Él mismo. Y el hombre que se encuentre así en perfecto desprendimiento, será elevado a la eternidad, en forma tal que ninguna cosa perecedera no lo pueda conmover, que no sienta nada que sea corpóreo, y se dice que está muerto para el mundo porque no le gusta nada que sea terrestre. A ello se refirió San Pablo cuando dijo: «Vivo y, sin embargo, no vivo; Cristo vive en mí» (Gal 2, 20).'
(Del desprendimiento.)

Dios (el orden natural de las cosas) es el salvador universal de todo el mundo. Esto es: de no existir el orden natural-divino el mundo sería un caos absoluto. El desorden que imponemos al mundo con nuestra voluntad (nuestros 'pecados') corrompen todo nuestro ser: corazón, sentidos, cuerpo, alma, potencias. Todo lo que somos en acto y en potencia, física y mentalmente, interior y exteriormente, enferma y se corrompe cuando nos aferramos a nuestra voluntad. Por lo tanto, hay que renunciar a nosotros mismos, a nuestra voluntad, para acercarnos al orden natural-divino.

'Puedes recordar también que Dios ha sido el Salvador universal de todo el mundo y por ello le debo gratitud mucho mayor que en el caso de que Él me hubiera salvado sólo a mí. De la misma manera tú también tienes que ser un salvador universal de cuanto has corrompido en ti a causa de los pecados, y con todo esto júntate totalmente a Él, ya que con los pecados has corrompido todo lo que hay en ti: el corazón, los sentidos, el cuerpo, el alma, las potencias y todo lo que hay en ti y dentro de ti: todo está muy enfermo y corrupto. Por lo tanto, acógete a Aquel en quien no hay ningún defecto sino sólo cosas buenas, para que sea un Salvador universal de toda la corrupción existente en ti, tanto interior como exteriormente.'
(Pláticas instructivas. 16. De la verdadera penitencia y de la vida bienaventurada.)

Dios es el 'Padre', el que crea y el que ordena. Todo el ser del hombre, su vivir, conocer, saber y amar proviene de Dios, es en Dios y es Dios. Así sólo nos podemos dirigir naturalmente a Dios, cualquier otra cosa es absurda y nos trae pena y sufrimiento. Tenemos que esforzarnos en retirar la imagen de nosotros mismos y de todas las criaturas y dirigirnos sólo a Dios, a la verdad de la naturaleza.

'...el hombre debe esforzarse mucho para quitarse la imagen de sí mismo y de todas las criaturas, no conociendo ningún padre fuera de Dios solo, entonces nada lo puede afligir, ni Dios ni la criatura, ni lo creado ni lo no creado, y todo su ser, vivir, conocer, saber y amar, proviene de Dios y (se encuentra) en Dios y (es) Dios.'
(El libro de la consolación divina.)

El amor lo tenemos que dirigir hacia el principio creador, el Padre, el orden natural-divino. Si nuestro ser, nuestra vida y nuestro conocimiento provienen de él, están en él y son él, a nada más nos podemos dirigir con acierto que no sea él. El resto nos pierde, porque es accesorio y se sale del orden natural. Si nos dirigimos exclusivamente a lo creado y olvidamos el principio creador que lo ordena, sólo encontraremos desorden, pena y desconsuelo. Nos debemos dirigir, pues, a lo que hay de divino en la criatura más que a la criatura en sí para permanecer en paz.

'Ahora diré además que toda pena proviene del amor de lo que el mal me ha quitado. Si me aflige entonces el daño hecho a las cosas externas, esto es señal cierta de que amo cosas externas y amo, en verdad (la) pena y (el) desconsuelo. Si amo y busco la pena y el desconsuelo ¿es de extrañar que me afecten las penas? Mi corazón y mi amor otorgan a la criatura la bondad que es propiedad de Dios. Me vuelvo hacia la criatura de la que proviene, por naturaleza, el desconsuelo y doy la espalda a Dios de quien emana todo consuelo. ¿Como puede sorprenderme, pues, que sufra penas y esté triste? En verdad, es realmente imposible para Dios y todo este mundo que encuentre verdadero consuelo el hombre que lo busca en las criaturas. Mas, quien estimara sólo a Dios en la criatura, y a la criatura sólo en Dios, encontraría en todas partes un consuelo verdadero y equitativo.'
(El libro de la consolación divina.)


Eckhart. Obras alemanas. Tratados y sermones. Edhasa, Barcelona, 1983.

Entradas populares de este blog

Pneuma...

El término griego ‘pneuma’ significa espíritu, a la vez que aire, el simple y literal aire de la naturaleza. De ‘pneuma’ proviene una palabra tan alejada, en principio, de cualquier forma de espiritualidad como es ‘neumático’... Aire y espíritu son conceptos muy diferentes para nosotros, radicalmente diferentes debemos decir, en nuestras lenguas modernas, pero eran intercambiables en el griego antiguo. A decir verdad, todavía queda algún vestigio de ello en la actualidad: De la palabra griega ‘pneuma’ proviene ‘pneumatología’, una disciplina (marginal) que estudia los fenómenos del ‘pneuma’, esto es, la influencia de los ‘espíritus’ o ‘seres aéreos’, intangibles e invisibles, en las personas. En el contexto cristiano se reconoce la pneumatología como la parte de la teología que estudia los seres y fenómenos espirituales, en especial el 'espíritu santo' y sus efectos sobre el alma humana, como instrumento de las acciones de Dios.


En hebreo, ‘ruaj’ tiene exactamente la misma dob…

Mente, cuerpo y entorno.

La memoria no es una copia del pasado. El pasado no está en la memoria; está tan poco en la memoria como lo está el futuro. La mente es actividad presente. Los contenidos que la mente produce, sobre lo que ya ha sucedido (el pasado) o sobre lo que puede suceder (el futuro), son el resultado o fenómeno de su actividad, no son la actividad de la mente en sí. 
No se niega la existencia de la memoria. Con algunas de nuestras experiencias quedan marcas de memoria o recuerdos, es verdad, pero que en estas marcas queramos ver la realidad o una reproducción de ella se debe al sesgo de nuestra visión antropocéntrica y psicologizante, mediante la cual sustituimos el mundo por los contenidos mentales. Nuestra mente no trabaja como un ordenador, señala R. Epstein. Nuestro cerebro, en realidad, no es un almacén de información. Nuestro cerebro, estrictamente, no procesa información, ni recupera conocimientos ni guarda recuerdos. Los construye, en todo caso. El ordenador es una burda metáfora. El cere…

Mente, tiempo y repetición.

El tiempo subjetivo no es lineal, los momentos psicológicos tienen duraciones inconstantes e imprevisibles. La causa de ello es que nuestros estados internos, que son lo que conforma el devenir de nuestra existencia, son muy inestables. No es sólo el mundo alrededor nuestro lo que cambia, sino que, incluso cuando el entorno permanece objetivamente estable, si nos dedicamos a observarlo, podremos ver que nuestra experiencia subjetiva sigue fluctuando, sin que exista un motivo externo concreto. Y también podremos ver, si somos lo suficientemente perspicaces, que para afrontar esta paradoja lo que hacemos cada uno de nosotros es buscar (y encontrar) los motivos de nuestros cambios personales en unos contenidos mentales imaginados por nuestra psicología individual. Causas aparentes, que no reales, inventadas según la situación y condición de cada uno. Ilusiones personales cotidianas. En realidad, nuestra motivación, nuestras expectativas, nuestro esfuerzo, nuestro rendimiento... son variabl…