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Mostrando entradas de 2012

Carta a Tomeu Prohens. El raterillo y el episodio evangélico.

¿Recuerdas que te comenté aquel lance de un perro ratonero que intentaba desesperadamente cruzar la carretera? Me dio que pensar... Era por la mañana temprano, yo iba en el coche hacia el trabajo, la carretera estaba bastante transitada a esa hora. El raterillo estaba afuera de un portillo justo al lado de la carretera, e intentaba cruzarla, con gran dificultad. Se le veía muy inquieto y nervioso. Sus movimientos no parecían seguir un plan apropiado. Tan pronto corría hacia un lado como hacia el otro, siempre junto a la carretera. Miraba a derecha e izquierda de manera desordenada. Lo vi hacer algunos intentos de cruzar justo cuando pasaba algún camión o algún coche, intentos que abortó, por fortuna, en el último instante antes de que lo atropellaran los vehículos. Con esas tentativas aumentaba aún más la ansiedad e hiperactividad del raterillo. Los momentos que hubiera podido cruzar, con menos tránsito, no lo hacía. Parece claro que la situación lo desbordaba completamente, no tenía n…

Carta a Cerverí. La influencia del aire.

Debería haber precisado más el título de lo que te envié. En lugar de decir 'Un alma física pero no orgánica' debería decir 'Un alma física pero no exclusivamente orgánica'. ¡Claro que somos orgánicos! Lo que yo digo es que ciertos estados de conciencia no dependen tanto de nuestro cuerpo en sí como de ciertas fluctuaciones de la presión atmosférica (esto es: el aire, el 'pneuma') que lo afectan. Mi planteamiento en el fondo es conductista, estímulo-respuesta. El estímulo es la fluctuación de la presión del aire. La respuesta es el estado de conciencia: el tipo de actividad mental, la intensidad de esta actividad mental, la disposición motivacional y emocional (podría guardar relación con el pensamiento planificador / meditativo del que habla Heidegger). 
Propongo que nuestro estado mental no depende tanto de los contenidos mentales como de un mecanismo ciertamente orgánico (respiratorio, circulatorio y neuronal) de tipo reflejo, que sería sensible a las fluctua…

El hombre meteorológico (2).

En el libro 'Las horas' Pla dedica un capítulo entero a 'los vientos',donde habla de su experiencia personal y de su manera particular de entender la influencia del viento sobre la psicología de las personas. Al comienzo del capítulo sitúa convenientemente el tema y escribe:
Este capítulo de 'Las horas' podría situarse en cualquier lugar de este libro, porque el viento, en el país en que yo vivo, que es lo que ha servido de fundamento para la elaboración de este libro, no se detiene nunca, sin tener un entablamento de dirección permanente ni siquiera de duración larga, a diferencia de algunos vientos que soplan sobre la superficie de la tierra, que siempre soplan allí mismo y llevan siempre al mismo fin. La característica de la climatología de este país es una variación seguida y constante, porque es un campo de batalla de elementos cósmicos permanentes que, según los incidentes de esta batalla, hacen que en un espacio de pocas horas los vientos soplen ahora de …

El hombre meteorológico (1).

La intuición de la existencia de un alma física, aérea, no es exclusiva de la poesía (el caso de Hölderlin, por ejemplo) sino que es fácil encontrarla también en otros géneros. Recogerlos de manera exhaustiva es una tarea que no vamos a hacer aquí. Veremos sólo algunos fragmentos de la narrativa de Josep Pla sobre el tema, autor por otra parte poco dado a la sensiblería y a las concesiones a la metafísica. Pla no se plantea, como tal, el estudio de un 'alma' de este tipo, ni de ninguno otro (de hecho él no utiliza nunca la palabra 'alma') pero sí expresa, a lo largo de su dilatada obra, su creencia en el influjo de los elementos de la atmósfera, sobre todo del viento, sobre los estados mentales y las experiencias psicológicas de las personas. Creencias de esta naturaleza, herederas de la tradición hipocrática, todavía hoy están arraigadas en la cultura popular. Y Josep Pla nos sirve perfectamente de ejemplo. En El cuaderno gris, obra en forma de dietario de los años 19…

El alma etérea de Hölderlin.

Más allá de la filosofía y de la ciencia, por fortuna, ha pervivido la idea de los antiguos materialistas griegos de un alma que se extiende por todo el universo, fuera del organismo y dentro de él, junto con la intuición de la participación de elementos como el aire, la atmósfera o el cielo en los estados de ánimo, la voluntad y el entendimiento de las personas. Ideas de esta naturaleza han aparecido con recurrencia desde la más remota antigüedad, y aún lo hacen de tanto en cuando en manifestaciones artísticas, literarias y, especialmente, poéticas. Aquí hemos de ver como no hay nada de sobrenatural o metafísico en estas concepciones artísticas y literarias de la existencia humana, sino que, todo lo contrario, sus planteamientos son perfectamente naturalistas o 'materialistas', y nadie se ha de escandalizar por ello. No hay ruptura, o no debería haberla, entre ciencia arte y religión en la explicación del alma. Porque nada hay más allá de la naturaleza, simplemente. Hölderlin,…

La versión de Pitágoras.

El sistema de creencias pitagórico tiene muchos elementos en común con el órfico. A semejanza de éste, mantiene que el alma humana no es engendrada internamente por el cuerpo, sino que proviene del medio exterior. Pero, en el caso de los pitagóricos no se habla de los dioses como su causa última, sino que el alma de los hombres es entendida como una emanación física de un 'alma universal' que tendría su origen en un 'fuego central del universo', el cual no solo es algo material en sí mismo sino que sería propiamente el origen de toda la materia del universo.
Esta alma universal, entienden los pitagóricos, tiene la capacidad de vivificar el cuerpo de los hombres y de los animales; es lo que les da la vida, los 'anima'. Pero tiene también la capacidad de existir en las 'regiones etéreas' sin estar unida a ningún cuerpo. El alma universal da vida no solo a todos los organismos sino a todo el universo. Los pitagóricos, como los órficos, sostienen la universa…